domingo, 8 de mayo de 2016

CAPÍTULO 19: EN LLAMAS

Al enfilar el final del pasillo, James se encontró frente a él a una niña encapuchada revolviéndose, debía de estar amordazada por los jadeos ahogados que lanzaba. Estaba maniatada y controlada por aquel tipo disfrazado de payaso. Junto a él se encontraba la mujer del camisón blanco. Ella le dirigió una mirada amenazadora al detective, mientras el otro tenía una estúpida y macabra sonrisa dibujada en su cara.

- ¡Jessica! – Owens intentó acercarse a ella, pero el carnicero le encañonó con su escopeta la espalda, en señal de que no se desviase del camino, dejando a la niña a su derecha.
- Jess estamos aquí contigo. – dijo Sarah intentando adelantarse, pero al ver el panorama se detuvo.
- No pares, y tú no te muevas.. – les dijo aquel sádico con una cara desmembrada por máscara. Mientras “el comisario” Bridges le adelantó hasta llegar al detective, dejando a la pequeña Sarah detrás junto a aquel psicópata con la recortada.
- Bueno tienes claro lo que hay que hacer ¿no? Según tú está allí tu gente, de ti depende salvarlos a ellos, a Jessica, a tu hija... Adelántate, diles que te den el móvil, me lo enseñas y dejo que tu cría se vaya con vosotros. Me traes el móvil, compruebo que contiene los datos sin más copias, y dejo que te lleves... lo que queda de esta otra niña. Así que sin trucos y rapidito, ¿de acuerdo? – James se giró viendo la puerta de la enfermería, miro a aquellos locos con su hija y la pequeña Patterson y asintió con la cabeza con un breve suspiro.
- Jess mi padre nos salvará, aguanta. – le dijo Sarah mientras el comisario y sus hombres no perdían la vista del agente Owens.

Los pasos del agente se hacían muy largos y pesados. Retumbaban en el interior de aquel eterno pasillo, él mientras, intentaba idear algún plan, alguna solución ante aquel panorama desolador. Si entregaba aquellos datos al comisario y secuaces de Capucha Negra, significaría perder cualquier ventaja que tuviesen de salir allí con vida, además de la posible solución ante la crisis que estaba sufriendo el mundo en aquel momento, por el contrario, aquellos asesinos acabarían con la vida de Jessica y su hija Sarah...
Se le acababa el tiempo para pensar. Llegó a la puerta y la golpeó con fuerza dos veces.
Ante él la puerta se abrió lentamente con el arma de su compañero apuntándole tras la abertura.

- Vamos James pasa. – al abrir la puerta vio a los psicópatas en el otro extremo del pasillo – ¡Oh mierda! ¿Pero qué?
- Cierra y te explico James, necesito el móvil de Cheap. – le dijo mientras cerraba la puerta tras de sí.

Bridges se acercó al carnicero Gain, le apartó ligeramente del grupo y habló con él en voz baja.

- Manda a alguien para que cubra la salida que tienen desde el garaje por el montacargas por si se les ocurriese salir por ahí. Una vez tengamos el móvil en nuestro poder les mataremos a todos. No quiero más errores. – el carnicero asintió con esa cara arrancada sobre su rostro y se dirigió hacia los otros dos maníacos. El comisario se giró hacia la niña. – Pequeña Owens, gracias a ti, tu padre y yo hemos llegado a un acuerdo, es un tipo muy sensato, y ha aceptado mis condiciones por el bien de vuestro grupo.
- ¿Cuáles son esas condiciones? – la niña le respondió con cara de desconfianza, pero el comisario únicamente le contestó con una breve sonrisa antes de girarse de nuevo hacia la entrada de la enfermería portando su arma.

El grupo de supervivientes que estaban escondidos en aquella sala fueron apareciendo. El primero en acercarse fue Eusko, que soltó un ladrido, al que le siguieron Kate y Joe. 

- Cuenta qué demonios están haciendo esos ahí fuera compañero. ¿Estaba allí el comisario o me lo pareció? – exclamó John mientras aseguraba el cierre de la puerta.
- ¿Están ahí fuera? ¿Les has traído? – se alarmó Joe.
- Dejadle hablar, algún motivo tendrá, algún plan. – apaciguó Kate.

James se apoyó en una camilla, mientras se tocaba la cabeza. Estaba agotado.

- Lo primero... ¿Cómo se encuentra la hija de Frank? – dijo con voz serena.
- La hemos estabilizado. – dijo la doctora Raven junto a uno de los auxiliares al salir tras la cortinilla donde atendieron a la pequeña Andrea.
- Bien. Eso está bien. Veamos... He estado hablando con el comisario, no estaba retenido en aquella sala John... Él es una especie de líder de ese escuadrón asesino. Trabaja desde el principio para Capucha negra, lo que no sé es el por qué. ¿Habéis conseguido sacar algo del móvil de Cheap? 
- ¿El comisario? ¿Qué...? – John no podía creerlo – Tío el único que controla aquí de bases de datos informáticos es Frank, y no ha soltado a su hija ni un momento.
- Mierda... Tengo que entregarle el móvil, o matará a mi hija y a Jessica. 
- ¿Se sabe algo de Steven? – dijo Frank asomándose tras la cortinilla.
- No sé nada de él... Lo único que sé con seguridad, es que cuando le demos esos datos, no nos van a dejar con vida, sea lo que sea que contenga este móvil, no se van a arriesgar a que lo pongamos en peligro el plan que tengan, quieren matarnos a todos y seguir con su plan. Ahora mismo estamos en una guerra de la que no podemos escapar... ¿Hay alguna salida desde aquí?
- Mmm, espera, sí, la salida del montacargas, la hemos estado utilizando para subir heridos desde el garaje. Pero sin luz... No funcionará. – dijo Raven.
- Podríamos abrir la trampilla y bajar por las escaleras. Es sólo un piso. Voy a mirarlo ahora mismo. – John se dirigió hacia las puertas del montacargas con un hacha – Joe, échame una mano.

John hizo palanca con el arma entre las puertas ayudándose con Joe. Entre los dos la abrieron y vieron el ascensor desde arriba que se encontraba en la planta del garaje.

- Por aquí podríamos bajar sí. – afirmó el Puerco.
- Bien... ¿Quién tiene el móvil? – John lo sacó de su bolsillo, y lo miró con recelo. Después se acercó a su compañero. 
- Tío... Sabes que si perdemos esto... El mundo se puede ir a la mierda... Tú has visto lo que hay allí fuera... ¿Cuál es tu plan?
- John sólo necesito tiempo... No dejaré que estos cabrones se salgan con la suya, pero es mi hija... – James le miró desesperado y furioso, pues sabía que era la única baza que tenía para poder sacarla con vida de allí. – El único plan que tengo es matarle y salvar a mi hija, o salvar a mi hija y matarle... ¡O matarles a todos! 
- Dáselo, yo confío en él. – dijo Frank desde el otro extremo.
- Y yo, de momento todo lo hemos superado juntos, démosle ese tiempo que además necesitamos  para salir de aquí. – se acercó Kate a la pareja de detectives.

Meine le miró dubitativo....

- Compañero, nuestro futuro está en tus manos... – extendió la mano y le entregó el terminal.
- Lo sé... No os fallaré... – lo agarró con firmeza mirándolo – y ahora... Hablemos de preparar bien este plan, no saben a quiénes se están enfrentando...



...




Los televisores abrieron con una imagen del Presidente Logan sentado sobre una mesa con el emblema de la Casa Blanca. Tenía una mirada seria, dura y fría. 

- Queridos ciudadanos míos, quiero que quede claro, que en este País no negociamos con terroristas, y no estoy aceptando exigencia alguna. El terrorista conocido bajo el nombre Capucha Negra quiere debatir e intentar justificar sus ataques ante todos vosotros, y quiero que juntos, todos nosotros le demostremos nuestra fuerza y que vea que no tememos a este tipo de personas que juegan con el terror para intentar conseguir sus metas. No cederemos, no caeremos, y siempre combatiremos el mal mientras nos quede algún resquicio de aliento en nuestros cuerpos. Sin más, gracias por su apoyo. Comencemos.

La pantalla se dividió en dos, y apareció un hombre encapuchado y vestido completamente de negro, sentado frente a una mesa, con un fondo negro sin profundidad alguna, completamente oscura y vacía. Su rostro estaba oculto bajo la sombra de su capucha cuando su voz comenzó a sonar en aquella sala.

- Buenas noches mundo... Buenas noches a todos... Espero que lo estén pasando tan bien como yo al menos, viendo cómo el sueño americano al que todos aspirabais se va desmoronando poco a poco, y que esa sociedad en la que habéis crecido y os han hecho creer que es justa y sincera, que siempre vela por vuestro bien, ese gobierno que os mantiene a todos a sanos y salvo en vuestras casas, es todo una mentira, no es más que una sensación efímera a la que aferraos y yo os arrebataré de un plumazo. 
- Señor Capucha Negra... Esa sensación es una idea por la que todos hemos luchado y seguiremos luchando siempre. Es más que una idea, es una realidad. Algo por lo que hemos trabaj.. 
- Jajaja, ¿señor Capucha Negra? Formalismos y estoy acabando con tus ciudadanos, con tu País, ¡con tu Mundo! Sois débiles, ¿no te das cuenta? ¿Soy yo el único que lo ve? Todos seréis juzgados y castigados en consecuencia. Estos legisladores con sus eternos debates... No sois más que charlatanes con piel de cordero que utilizáis a la gente, al pueblo, movéis los hilos tras la sombra para interés propio, no sois más que una estirpe degenerativa que tenemos que eliminar de raíz. Ellos son quienes nos han llevado a la ruina. – dijo señalando al presidente, dirigiéndose a los telespectadores –  Ellos me han llevado a despertaos... Estoy haciendo un  favor al mundo. Debemos de comenzar de cero, purificar la raza, y resurgir de nuestras cenizas como el mismísimo ave Fenix.
- ¿Y quién será el que escoja quien debe sobrevivir, tú? – hizo una pausa el Presidente – ¿No te das cuenta de que has alzado la espada contra tu propio pueblo?.. Nadie puede apoyar este ataque, es puro terrorismo. Y tú necesitas ayuda.
- ¿Yo? ¿En serio eres tan hipócrita cuando ves que el mundo está llegando a su fin? De la cara por favor...
- No sé de que me estás hablando.
- ¿Sabe por qué está aquí señor Logan? Yo le acuso de conspirar con el fin de cometer traición, terrorismo y sedición.
- ¿De qué demonios habla? 
- La  verdad es que algo funciona muy mal en este país, ¿no cree? Y si les dijese que el gobierno es el responsable de la muerte de estas miles de personas? – tras esa oscuridad parecía que su mirada podía atravesar las pantallas sin siquiera verse – Gracias a ustedes me di cuenta de cual es el arma más poderosa del mundo... El miedo. Controlándolo eres capaz de todo. 
- Usted es un monstruo que únicamente quiere el caos. No hay razonamiento alguno en sus actos. ¿Por qué no da la cara y nos dice quién es?
- Señor presidente, bajo esta capucha hay algo más que un “friki” que da órdenes... Hay una idea, una idea dispuesta a aplastar el poder que usted ha corrompido y está manejando, como todos los gobiernos con sus normas y sus reglas... El poder no es inocente, y ya es hora de que aprendan qué es ser un hombre de verdad, sin sus protecciones, sin sus privilegios... – la sala quedó en silencio – Veamos...¿Recuerda el proyecto Alfa X?
- ¿De qué está hablando ahora este lunático? – el Presidente se dirigía a sus asesores presentes en su sala.
- ¿Lunático? Únicamente estoy demostrando a este mundo que cuando juegas con fuego te quemas. Pero vayamos a lo que importa, ¿qué opinaría si le dijese que este arma, que esta opción de darle al mundo una segunda oportunidad surgió gracias a la ayuda de su gobierno?
- Eso no es posible, Estados Unidos nunca permitiría el desarrollo de tal arma, sino yo lo sabría.
- Cómo se equivoca señor Presidente, ¿qué le parece un poco de historia?
Su padre comenzó la andadura para dar cabida a este virus en nuestro mundo, pero al ver de lo que era capaz, cerró el proyecto y silencio todas las posibles bocas, de una manera o de otra. Por suerte los datos de esa creación se salvaron, y alguien con suficientes conocimientos los continuó, incluso los perfeccionó hasta el momento en que alguien con las suficientes agallas se atrevió a plantarle cara al mundo en el que estamos viviendo y utilizarlo, llegando hasta el momento en que estamos viviendo ahora. No tenéis ni idea de con quién os estáis enfrentando... – su voz penetró a través del televisor.
- Le repito Capucha, que si hubiese tal proyecto dentro de mi gobierno yo sería conocedor de ello. – el Presidente le contestó tajante.
- ¿Está seguro de ello? – dijo retándole.
- Seguro. – zanjó, momento en el que uno de los consejeros del Presidente se acercó a él para susurrarle algo al oído, después se retiró.
- ¿Qué es esto? ¿Necesita ayuda para hablar conmigo?  Jaja. – reía en tono burlesco y frenó en seco. – Que sea la última vez.
- No Capucha, esta es la última vez que le doy la opción de rendirse. ¿Acepta? –dijo el Presidente levantándose.
- Jaja ¿En serio ahora va de tipo duro? Jajaja.
- Por el poder que me delega mi País le condeno a la pena de muerte. Adelante, bombardeen su base. – dijo dirigiéndose a sus asesores.
- ¿Qué? ¿De qué... – la imagen se cortó con un fuerte chirrido al desaparecer su señal.
- Señores ciudadanos, hemos localizado el lugar desde donde emitía su señal el terrorista. Hemos acabado con él. Sólo es el principio del fin de esta pesadilla. Los campamentos base que tenemos desplegados por todo San Francisco están enfrentándose al ataque con ese virus. Les estamos frenando, lo estamos consiguiendo, me alegro de que hayan estado presentes en esta conversación para que vean que nadie se mete con nuestro País, y que el mal nunca vencerá mientras no cedamos ante él.



...



La puerta se abrió y apareció James tras ella. Su compañero John y Joe salieron tras de él armados y apuntando al otro extremo del pasillo. James avanzó la mitad del camino entre la enfermería y el grupo de los maníacos formados por aquel payaso, el carnicero, la psicópata del camisón, un hombre de negro y el comisario Bridges, todos ellos apuntándoles desde la otra parte. Bridges se adelantó.

- Vamos Owens, ya está medio hecho. Sólo tienes que venir hasta aquí y dármelo, ya he visto que es verdad que estaban allí escondidos, así que vamos por buen camino.
- Suelte primero a las niñas, ya ve que no tengo intención de luchar. Sólo quiero recuperarlas y podernos ir todos de aquí cuanto antes.
- No acordamos eso detective. Yo suelto a... ¿Jessica era? – dijo Bridges girándose hacia sus esbirros, de los cuáles el payaso asintió con la cabeza. – Sí, Jessica. Que vaya con vosotros, después me das el móvil y te coges a tu preciosa y preciada niña antes de que cambiemos de opinión y decidamos acabar con todos vosotros. No pretendo negociar, así que... Como antes, tú decides.
- De acuerdo... – James se giró hacia su compañero y Joe antes de iniciar la marcha hacia los asesinos, momento en el que Bridges hizo una señal con la mano y el payaso la soltó con un empujón de sus sus manos. La niña se zarandeó pues permanecía maniatada y encapuchada, soltando únicamente alaridos. 

Ambos avanzaban en direcciones opuestas por aquel pasillo. En el momento que se cruzaron James se giró hacia ella. 

- Muy bien Jess, no te detengas, esto acabará en seguida, estate preparada. – James casi se lo susurró.
- ¡Vamos! ¡No tenemos todo el día! – insistió el comisario.

James le dirigió una mirada amenazante y emprendió la marcha. Cuando la niña estaba acercándose a John y Joe, y ambos la sujetaron, pues apenas podía caminar. 
James llegó frente a Bridges.

- Parece que aquí llega nuestro camino juntos a su fin, ¿no cree detective? – dijo extendiendo su mano para que le diese el terminal.
- Espero no volverle a ver, sino juro que le mataré. – y soltó el móvil sobre su mano.
- A a a a a... No me tiente Owens, no me tiente. – agarró a la niña y la lanzo contra su padre. 
- ¿Cariño estás bien? – dijo abrazándola mientras el comisario comprobaba que el móvil contenía los datos.
- Sí papá. Estoy bien tranquilo. – y James se reincorporó.

Joe le quitó el saco que le cubría la cabeza a Jessica. La niña tenía la cara pálida y estaba helada. John se encargaba de las ataduras de sus muñecas.

- Oh dios mío.. ¿Qué te han hecho pequeña? – dijo Joe mientras le quitaba la mordaza. John consiguió desatar las ataduras de sus manos.

En ese momento la niña se abalanzó sobre Joe, y le dio un fuerte mordisco en el cuello.

- ¡Joder! – el Puerco la golpeó en el estómago y se la quitó de encima, mientras John se quedó petrificado. Jessica no paraba de reír desde el suelo con la boca ensangrentada.

James y Sarah miraron el escenario al unísono.

- ¡Esa es mi chica... Jajaj! – dijo el payaso detrás desde la parte de atrás del grupo.
- ¿En serio pensabas que sería tan fácil? – Bridges levantó el arma hacia la pequeña Owens cuando James se giró sacando su pistola de la espalda.
- Lo cierto es que no. 

BUM, y la mano del comisario fue reventada a causa del disparo del agente.

- ¡Aaaaaa, maldito cabrón! – chilló de dolor cuando caía lo que quedaba de su mano junto a su arma contra el suelo.
- ¡John ahora! ¡Sara no pares de correr, ya! – dijo el detective cuando le asestó un puñetazo a Bridges. Éste al caer en el suelo soltó el móvil de Cheap el cuál cogió James y echó a correr detrás de su hija.

John todavía en shock viendo al puerco tapándose el mordisco de la niña, la cual se retorcía en el suelo entre risas, agarró el extintor que estaba en el pasillo colgado junto a la puerta de la enfermería y lo lanzó hacia el grupo de maníacos. Cuando lo pasaron Sarah y su padre James se giró.

- ¡Jodeos malditos cabrones! – y disparó un par de veces contra él. El extintor reventó, haciendo que todos ellos cayesen de espaldas debido a la explosión, al igual que James, que estaba aún cerca del grupo. 

Todos cayeron menos el carnicero, que comenzó a seguir a los Owens nada más echaron a correr. De la explosión le levantó contra el techo y volvió a caer. Pero como un resorte debido a la adrenalina se levantó y se lanzó contra James. Le golpeó la cara.

- Me va encantar tu cara como trofeo, intentaré no destrozarla, y ahora dame esto. – no paraba de golpearle y cuando estaba desorientado le cogió el móvil que había soltado sobre el suelo. – Maníacos, lo tenemos. – dijo girándose hacia ellos.
- Mi cara es muy bonita para que un paleto de pueblo venga a  intentar quitármela. – y James le golpeó el estómago, haciendo que este cayese de espaldas y volviese a rodar el móvil por el suelo. – ¡John seguir el plan! ¡Ya os cogeré, iros!
- ¡Papá! – y John agarró a la niña del brazo. – Vamos Sarah, sabe dónde vamos, luego nos alcanzará. Joe... Tío levanta.
- John vete... Yo les frenaré para que no os alcancen. – dijo con palabras entrecortadas mientras sacaba una granada del bolsillo – La guardaba para vosotros en caso de urgencia, je je... – y escupió sangre. 
- Maldito tramposo... Gracias Joe. – en ese momento Jessica se lanzo contra el agente, pero El Puerco la agarró de la pierna desde el suelo haciéndola caer  – No niña, otra vez no. – y quitó la anilla del explosivo. 

John agarró a Sara con fuerza y la metió por la puerta, y Jessica le golpeó la cara con una patada a Joe antes de lanzarse en la otra dirección cuando le soltó.

BOOM. El techo terminó de ceder tapando la entrada a la enfermería.

- Bien hecho Joe, bien hecho. Y ahora terminemos con esto. – James se levantó y cuando fue a coger el terminal, entre la humareda aparecieron Bridges y su escuadrón. – Oh mierda. – James se dio cuenta que perdió el arma también al caerse con la explosión y se lanzó contra una de las puertas del pasillo antes de que comenzasen a abrir fuego contra él.
- Es mío, traeré su cabeza, ustedes sigan el plan. – dijo el carnicero al comisario y el resto del equipo.
- Muy bien... Ya tenemos esto, que es lo importante. Informaré a Capucha y procederemos según lo planeado, así que date prisa, no creo que tarde mucho en llevarlo a cabo. – dijo el comisario que se estaba haciendo un torniquete con un trozo de su chaqueta.
- De acuerdo. – y el carnicero salió a toda prisa a por James.
- Vosotros, – señalando a Clown y Miranda, mientras abría el paquete que dejó en el suelo – poneos esto.

Desde dentro de la enfermería estaban comenzando a bajar por las escaleras al montacargas cuando escucharon la segunda explosión. Kate se preguntaba qué pasaba cuando los dos enfermeros pasaron a través de la trampilla del techo de la cabina.

- Vamos, esto está despejado, no os detengáis. – decía uno de ellos desde abajo.
- Kate es tu turno. – le dijo Frank mientras sostenía la entrada al montacargas.
- Vamos yo te agarro. – repitió el enfermero desde abajo.
- Vamos, ¿qué tal vais? No hay tiempo que perder. – dijo John jadeando por la carrera junto a Sarah desde las puertas de la planta de la enfermería.
- ¡Estáis bien!.. ¿Y Joe y tu padre Sarah? ¿Y la otra niña? – preguntó Kate.
- Vamos luego os lo contamos. – contestó James mientras ayudaba a bajar a la niña al techo del montacargas. Eusko empezó a relamerla nada más verla.
- Yo también me alegro de verte chico.

Cuando estaban abajo los dos enfermeros, Kate, Sarah y Frank, John agarró a la malherida Andrea, la cuál estaba inconsciente. 

- Vamos John, yo la tengo. – decía el padre desde abajo cuando agarró a su hija.

John se sujetó y bajó de golpe.

- Ahora busquemos con qué salir de aquí. – dijo John buscando algún vehículo.

Todos se desperdigaron hasta que alguien chilló. Era uno de los enfermeros. 

- ¿Qué es esto? ¡Por dios! – todos fueron corriendo hacia allí y descubrieron los cadáveres del coronel Philips, el cuál estaba sin cara, y sus cabos.
- Con razón no le localizábamos... ¿Quién ha podido hacer esto? – contestó Raven.
- Subid todos ahora mismo al vehículo de asalto. – dijo John al ver el humvee aparcado a pocos metros. – Fran tú primero, sube con tu hija delante. Todos los demás meteos atrás.

John abrió la puerta del conductor para ayudar desde dentro a coger a la joven Andrea y colocarla con junto a su padre.
Atrás Sarah abrió el maletero y entró Eusko. Después se metió en la parte de atrás junto a Kate y Raven, y cuando iba a subir el segundo enfermero desapareció sobre el vehículo. Algo lo agarró. 

- ¿Qué ha sido eso? – dijo el que subió antes.
- ¡Cierra la puerta maldita sea! – chilló Raven al lado de él. – ¡Meine vámonos! ¡Hay algo ahí fuera!
- ¿Qué? – dijo dándose la vuelta desde la parte del conductor.

De pronto toda la luna delantera comenzó a teñirse de sangre, hasta caer destripado el cuerpo del enfermero sobre el capó. 

- Oh mierda... ¿Y ahora qué? – dijo metiendo el contacto.

Sobre el capó saltó un tipo que se agachó y limpió la sangre que manchaba la luna.

- ¿Steven? – dijo Sarah desde la parte de atrás.
- Joder... Mira Frank ¿no le buscabas? Ahora puedes preguntarle algo.
- ¡Arranca joder! – respondió Frank blanco al ver el tipo que probablemente había salvado la vida de su hija bañado en sangre y con cara de poseído. Portaba la daga que llevaba aquella psicópata del camisón blanco. - ¿Ahora está con ellos?
- Mierda... Han mejorado el virus... Actúan como parásitos... – susurró Raven.
- ¿Qué ha dicho doctora? – le respondió Kate.

Steven lanzó una patada contra la luna delantera, quebrándola por el centro.

- ¡Coño! – y John metió la llave del contacto y aceleró. 

Steven salió disparado sobre el techo del vehículo, mientras aceleraba por el garaje de la comisaría hasta subir la rampa y lanzarse contra la puerta que cerraba la salida.

- ¡Agarraos! – gritó John antes de echarla abajo.

Al salir los primeros haces de luz de la madrugada empezaban a aparecer sobre el cielo de San Francisco, y cuál fue la sorpresa al encontrarse con las vallas que rodeaban la comisaría repletas de infectados. Cientos de ellos estaban agarrados contra ellas. Se pararon al salir después del fuerte impacto y vieron a su izquierda como cinco personas avanzaban hacia el helicóptero militar situado en el hangar. El tipo vestido de negro entró se dirigía a la cabina del piloto. También había una niña pequeña, y junto a ella tres tipos encapuchados con una especie de túnicas con capucha... Dos de ellos negros, el otro de morado. Se giraron frente a la comisaría y se quedaron quietos.

- ¿Qué están haciendo? – preguntó Frank. – ¿Esa es Jessica?
- Mierda... – dijo John.

¡Crash! La ventanilla del otro enfermero se destrozó. Steven se asomó con una gran agresividad. Agarró al enfermero para sacarle, pero Eusko desde atrás se lanzó contra él. Steven forcejeó y y golpeó fuertemente al perro, antes de lanzarle una puñalada en el pecho al auxiliar de la doctora Raven. Le abrió el pecho por completo antes de sacarle del vehículo.
Todas en la parte de atrás gritaron cuando volvió a aparecer para intentar introducirse en la parte de atrás pero John se giró para dispararle con su arma, sin embargo Steven se la arrebató golpeándole y cuando iba a dispararle el perro se lanzó directo a su cuello. En ese momento Steven volvió a salir con un fuerte grito de dolor hacia el techo. 

¡Bum! Un disparo seco sonó, y el joven Eusko calló por un lado.

- ¡Noooo! – chilló Sarah al ver caer el cuerpo de su mascota. 
- Se acabó. –  John dió un fuerte acelerón y frenazo en seco. Steven salió rodando por encima del capó. Estuvo unos segundos tirado en el suelo, después se levantó y se les quedó mirando sonriendo con cara de poseso.
- Atropéllalo... – le susurró Sarah.
- No tenía pensado otra cosa. – contestó el agente. – Nos vamos de aquí.

El coche se embaló fuertemente contra el cuerpo de Steven, éste se disponía a saltar cuando ¡bum!, John le pegó un tiro en el pecho con su arma, haciendo que no pudiera impulsarse con suficiente fuerza y su cuerpo cayese sobre el vehículo, partiéndole prácticamente por la mitad debido a la potencia de aquel vehículo.

- A ver si ahora sigues saltando... – soltó John cuando pasó por encima del cuerpo. – Y ahora vámonos de aquí de una maldita vez.
- ¡John mi padre! – dijo la pequeña antes de que el coche impactase contra aquellas verjas repletas de cuerpos infestos.
- Él sabe dónde nos dirigimos, le prometí que te protegería. – respondió mientras no dejaba de aplastar aquellos infectados haciéndose camino entre ellos hasta la carretera.

James no paraba de correr a través de las salas mientras aquel lunático le recortaba distancia con su recortada. Parecía que no se cansaba, y el cansancio era justamente lo que empezaba a hacer mella en nuestro detective.
El carnicero entro en una sala aún oscura, pero por la que comenzaban a entrar destellos de luz desde la calle, estaba amaneciendo.

- No alarguemos esto más, ¿quieres? Antes o después tendrás que dar la cara, así que haznos un favor y sal de donde estés escondido. – decía mientras le buscaba por aquella sala.
- ¿Me buscabas? – y James se lanzó contra él desde una mesa detrás suya, haciendo que tirase su arma – ¿querías decirme algo? Aquí estoy. Voy a partirte el puto cuello joder.

James no paraba de golpearle la cara estando sobre él. El carnicero le agarró como pudo y le dio un codazo sobre el estómago, quitándoselo de encima. Acto seguido le dio una patada, haciendo que James, que estaba debilitado, rodase hasta la sala entre las mesas. Éste se levantó a tientas y corrió hacia los armarios del fondo y sujetarse para tomar el aliento. Al estar entre ellos se fijó en lo que había tras ellos, C4 como para volar media manzana. 

- ¿Pero qué...? – las luces de los explosivos parpadeaban, estaban activadas. Cuando alguien pulsase un detonador toda la comisaría saltaría por los aires. – Estáis más locos de lo que pensaba, ¿sabías que estaba todo esto aquí y aún estamos dentro?
- ¡Calla y muere! – dijo el carnicero al lanzarle un machetazo fallido contra las estanterías.

James le dio un codazo contra la cara y echó a correr escaleras arriba. No paró hasta llegar a la azotea. El cielo estaba anaranjado, cuando vio la cantidad de infectados que rodeaban la zona. A su encuentro salió el carnicero que comenzaba a mostrar síntomas de cansancio.

- Hasta aquí hemos llegado, sólo uno de nosotros saldrá de ésta. – dijo antes de que sonase un fuerte golpe desde abajo de la comisaría. Se trataba del humvee negro militar. 
- Bien chicos. – se dijo James por dentro, al ver el vehículo. Acto seguido se dio cuenta de que había alguien sobre el capó del coche. - ¿Quién coño..?
- No llegarán muy lejos, nuestra nueva incorporación acabará con ellos, ¡al igual que yo contigo! – y se lanzó de nuevo contra el agente con su machete.
- ¡Oh vamos! ¿Es que vosotros no os cansáis nunca? – dijo esquivándole y golpeándole el estómago.
- No hasta arrancarte la cabeza. – se giró hacia él y le alcanzó sobre el hombro con el machete.

Una dura pelea estaba teniendo en aquella azotea mientras los televisores de todo el mundo volvían a dividirse en dos...

- Ja ja ja ja... ¿En serio pensaba que sería tan tonto como para emitir desde donde me ubico? – dijo la mitad de la pantalla en negro mientras el presidente se quedaba perplejo y pálido. – Ahora es mi turno.

Su pantalla cambió de imagen y se dividió en cuatro. Las imágenes correspondían a los emplazamientos decretados por la Casa Blanca para la extracción y ayuda de los ciudadanos contra la crisis que se estaba viviendo. El ayuntamiento, el hospital, la estación de bomberos y la comisaría.

- Demos la bienvenida al nuevo mundo, es el momento de la dinastía oscura. – y capucha apretó un pulsador. 

En ese momento hubo explosiones de gran magnitud filmadas en los cuatro lugares. Los edificios comenzaron a arder y a desmoronarse como un castillo de naipes. Se amplió la imagen de la comisaría en la que dos encapuchados de negro y uno de morado levantaban el brazo delante ante la gran explosión que estaba ocurriendo.

- Y ahora Señor Presidente, que se ha dado cuenta de la poca fuerza o poder que tiene, ahora que está observando cómo su país está siendo reducido a cenizas, ahora tiene mi permiso para morir. Jajajajaja. – mientras soltaba una macabra sonrisa un humo blanco salió disparado del escritorio del Presidente contra su cara. Éste comenzó a toser y a echar sangre. La imagen se cortó de repente. – Y ahora que me escucha el mundo entero... No huyáis de vuestro destino... No tenéis dónde esconderos. Nos veremos pronto. – y la pantalla se cerró por completo.

Mientras tanto desde las ruinas de la comisaría los tres encapuchados se dieron la vuelta al ver la explosión y que comenzaban a entrar todos los infectados por la abertura que dejó el humvee por uno de los extremos.

- Vámonos de aquí. – dijo Bridges.
- ¿Y el carnicero? – preguntó Miranda.
- No lo ha conseguido, y no hay tiempo que perder, en marcha. – dijo mirándose la mano con rabia. – Ahí no pueden haber quedado supervivientes.

El helicóptero empezó a rugir con sus hélices, y cuando comenzó a elevarse entre los escombros humeantes y las llamas, una silueta brillaba entre ellas. 

- ¡Mirad ahí! – dijo la escalofriante Jessica con una sonrisa dibujada con cortes sobre sus mejillas junto a una cara pálida mientras apuntaba con su dedo aquella sombra.
- No puede ser... – dijo Bridges asombrado al verlo con sus propios ojos.

Bajo ellos se encontraba un tipo que portaba un machete, y en su otra mano una cabeza arrancada que alzó por encima de sus hombros a modo de trofeo antes de lanzarla contra las llamas. Después se desplomó contra el suelo.

- Lo ha conseguido, el carnicero lo ha conseguido. Jaja... – dijo Bridges para sí mismo esbozando una sonrisa. – Descanse en paz agente Owens... ¡Bajemos a por él!

martes, 29 de marzo de 2016

CAPÍTULO 18: LA VISITA – PARTE FINAL

Frank bajaba todo lo rápido que le permitían sus piernas por las escaleras. Estaba exhausto, pero la adrenalina le daba fuerzas para seguir y tener claro su objetivo, el de llegar a la enfermería y la esperanza de que se encontrasen allí sus amigos junto a la doctora Raven para que pudiese salvar a su hija, la cuál llevaba en brazos y  había perdido mucha sangre. No sabía lo que podría aguantar, pero el tiempo corría en su contra. Eusko bajaba tras ellos como perro guardián cubriendo a su amo. Parecía entender perfectamente la situación de vida o muerte en la que se encontraba la pequeña.

- Vamos mi vida, ya estamos llegando. Aguanta un poco más. – susurraba el padre a su hija al llegar frente a la puerta de la planta baja. 

Todo estaba oscuro, echó un vistazo rápido para ubicarse, y en el extremo derecho de la pared, un cartel con una flecha indicaba el lugar en que se encontraba su destino. Miró por el pasillo, y al ver que se encontraba despejado reanudó la marcha a toda prisa. 
Avanzaba sin parar, hasta el momento en que el perro le adelantó para meterse sin pensarlo en una de las salas contiguas al pasillo que había a su derecha.

- Oh mierda, ahora no... – se quedó inmóvil en medio de aquel pasillo hasta que su cuerpo reaccionó para dar un paso hacia adelante. Sabía que el tiempo de su hija se acababa, y la enfermería estaba dando esquina con el pasillo, en el otro extremo de la planta - ... Vamos allá...

Sus piernas recobraron la fuerza para poder acelerar ante aquella situación de pavor por poder perder a su hija, y aunque sabía también que un encuentro con alguno de aquellos psicópatas supondría la muerte para ella, no había otra opción más que pasar rápido e inadvertido  antes de que Eusko pudiese delatar su posición.
Comenzó  a correr sigilosamente, pero al pasar por la puerta una sombra apareció ante ellos cortando el camino...

- ¿Frank? – aquella silueta  apareció como un rayo de esperanza junto a su perro. Se trataba de James – Vamos, por aquí, rápido.

El detective le apresuró a entrar. El reportero no se lo pensó y pasó con su hija.

- Cuéntame qué ha pasado. ¿Dónde está mi hija y Jess? – preguntó preocupado detective mirando a la joven herida.
- Owens gracias a dios... Tenemos que llegar a la enfermería, mi hija esta muy mal, tiene una puñalada que le atraviesa el costado y no para de sangrar. – la tumbó sobre una mesa de la oficina que James le despejó y  la levantó la camiseta para que viese la gravedad,.
- Mierda... No la muevas de aquí, sino perderá  más sangre. Está muy débil pero lo conseguiremos. – dijo tomándola el pulso – Yo traeré aquí a la doctora y algún sanitario que se encuentre allí. No pares de presionar la herida. – dijo mientras buscaba en los cajones algún tipo de trapo con el que pudiese taponar la herida. Dio con una pequeña toalla y la utilizó para tapar  la hemorragia, mientras con la otra mano cogía las manos de Frank indicándole como debía de presionarla – Esto le dará más tiempo, pero no podemos parar. Frank, ¿y mi hija?
- James yo... – Frank titubeaba nervioso –  Tuve que marcharme de allí... Mira salí a la sala de policías y dejé a las niñas donde estábamos porque escuchamos disparos. Al llegar ahí sólo había cuerpos de policías abatidos, Eusko salió corriendo por un pasillo y fui tras él. De pronto inspeccionando la sala escuché de nuevo otros disparos, y al volver me encontré con mi hija tirada en el suelo, la cogí con mis brazos, y salí de allí al ver que tenían en el suelo a Steven... No pude hacer nada. De las otras dos niñas no supe nada, pero allí no las vi, sólo a una mujer con camisón blanco agachándose sobre Steven.
- Mierda... No te preocupes. Tengo que volver allí arriba y buscar a Sarah. – se quedó observando a la joven Andrea inconsciente sobre la mesa, debatiéndose entre la vida y la muerte – Pero primero vamos a salvar a tu hija. No te muevas de aquí. Esta zona no es segura. A mi me siguió hasta aquí esa mujer que has descrito junto con un tipo con una especie de máscara de piel ensangrentada. Vine buscando al comisario. Me oculté aquí y me he topado contigo. Quédate aquí ¿vale? Voy a por la ayuda. – y James salió por la habitación enfilando el pasillo hacia la enfermería.

Avanzaba con paso ligero. Ocultándose entre las sombras. Todo estaba en silencio, y aquella oscuridad alargaba los pasillos de un modo que no recordaba.
Giró la esquina, y por fin vio aquella puerta metálica con esa plaquita con una cruz roja.

- Ya está casi... – pensaba.

Se apresuró y al llegar a la puerta giró el pomo lentamente. Estaba cerrado. 

- Mierda... – miró a su alrededor y vio un extintor colgado sobre la pared, lo agarró y con fuerza, sin dejar de mirar a su alrededor se dispuso a romperlo, momento en que se abrió la puerta frente a él con una pistola asomando tras ella.
- ¿James? – John era quien estaba custodiando aquella entrada – Entra, deprisa.

Su compañero le dio un fuerte abrazo al cerrar la puerta tras ellos.

- Tranquilos, es James. – Tras la salita contigua aparecieron Kate y Joe, junto a dos auxiliares y la doctora.
- ¡Chicos! Menos mal que estáis bien. – dijo acercándose a Kate y Joe – Doctora, la buscaba a usted. 
- ¿Qué ocurre? – dijo adelantándose ella.
- La hija de Wolf está malherida. Necesita asistencia rápidamente, no sé si tiene algún órgano dañado, pero está muy mal.
- ¿Dónde se encuentra? Necesitaría verla, aunque debería tratarla aquí, es donde tengo todo el material disponible.
- De acuerdo. Iré en su busca y la traeremos hasta aquí, usted tenga todo preparado. – dijo dirigiéndose de nuevo a la salida.
- James ten cuidado.. – le dijo Kate tocando su mano.
- Descuida, está aquí cerca, no tardaré. Vosotros no abráis a nadie, golpearé la puerta tres veces para que sepáis que soy yo ¿de acuerdo?
- Tío vamos, te acompaño. Así te cubriré las espaldas. ¿Joe te encargas de la puerta? – dijo dirigiéndose a él.
- Detective, aquí os estaremos esperando. – dijo mientras comprobaba su arma.
- Pues vamos allá. – Owens abrió la puerta seguido de su amigo y compañero Meine.

Frente a ellos se expandía de nuevo aquel pasillo oscuro, y los agentes avanzaban velozmente con cautela en busca del periodista y su hija, los cuales aguardaban ocultos en aquella habitación donde les dejó James.
James iba delante indicando por dónde debían ir. Llegaron al final del pasillo y al cruzar la esquina Owens se detuvo en seco, deteniendo a su compañero.

- Sshh. – le hizo señalando al otro extremo del pasillo.

Allí se encontraba patrullando un hombre de negro. Debían estar cerca el resto. Su paso era lento, parecía estar custodiando la entrada de la sala que se encontraba tras él. 

- ¿Cómo lo hacemos? – le preguntó John.
- La puerta de ahí en frente es dónde está escondido Wolf. Ve a por él, yo me encargo del otro tipo. A mi señal sales corriendo hacia la sala y les ayudas a volver a la enfermería, ¿de acuerdo? No te detengas por nada.
- James no...
- No hay tiempo para discutir John. Por cierto, toma esto. – dijo introduciendo su mano en el bolsillo.
- ¿Un móvil? – lo tomó Meine.
- Se trata del terminal de Cheap. Antes de morir consiguió descargarse los datos desencriptados y..
- Un momento...¿ Cheap ha muerto? – le interrumpió John.
- Sí, en el asalto le alcanzaron, lo siento. Era un buen amigo.. – consoló a su compañero – El comisario estaba con él, y se llevó el chip durante el tiroteo. Creo que sigue con vida, de ahí que sigan estos locos buscándonos y dándonos caza. No hay más tiempo que perder. ¿Estás listo? – James se asomó de nuevo por la esquina – Voy a averiguar que ocultan en esa sala.

El detective comenzó a avanzar sigilosamente por el pasillo pegado a la pared cuando aquel guardia se dio la vuelta. Avanzaba sin parar y cuando estaba a unos pocos metros aquel centinela se giró, descubriendo al detective tras él, el cuál se lanzo sobre él antes de que pudiese reaccionar. Ambos cayeron contra el suelo. En ese momento John dudó sobre cómo actuar, pero decidió hacer caso a su amigo e ir a por el padre y la niña malherida.
James se revolvió sobre el suelo, y aquel hombre sacó un cuchillo de su cinturón, intentando alcanzar a Owens. Este le estrangulaba con el brazo el cuello, y con la otra evitó que le alcanzase la lanzada de aquel guardia. Le agarró la mano, la cual comenzaba a perder fuerza a causa de la falta de oxígeno, hasta no poder mas y poder James apuñalarle con su propia arma. Parecía que había conseguido su objetivo sin ser descubierto. Se quitó a aquel tipo de encima, y al comenzarse a reincorporar vio a John que avanzaba con Wolf y su hija en brazos, seguidos por Eusko. 
John hizo el amago de de ir a ayudar a su compañero, pero James le hizo señas para que no se detuviese. Tenía claro que la prioridad era la pequeña que iba perdiendo su vida poco a poco, y optó por ayudarles a llegar a la enfermería.

James se encontraba sólo en medio de aquel pasillo con el guardia tirado a sus pies. Le agarró y quitó de en medio, ocultándole tras unos muebles en aquel pasillo. Comprobó su arma, tomó aliento y entró en la sala.

- ¿Comisario? 
- ¡James! ¿Cómo has conseguido?... – el comisario se giró sorprendido al verle - Mmm, que alegría, me tienen retenido aquí, me empezaron a amenazar con matarme y despedazarme... Lo siento... 
- ¿Pero cómo le atraparon, les dio el chip? – James bajó su arma.
- No tuve remedio... – se lamentaba cabizbajo – Cómo lo siento.
- No importa... Tenemos una copia, Cheap consiguió descargar la información desencriptada a su móvil. 
- ¿Ah si? ¡Eso es genial!.. ¿Lo llevas contigo? – preguntó el comisario acercándose a él.
- No, lo lleva John.. Están en el garaje ocultos para poder salir de aquí en cuanto podamos.. ¿Puede caminar y llevar un arma? – dijo dándole una que llevaba en la cintura.
- Sí.. Supongo. – cogió el arma.
- Pues vámonos de aquí ahora mismo, no tardarán en llegar, maté al guardia que custodiaba tu entrada. No hay tiempo que perder. – James se giró y se dispuso a abrir la puerta.
- <<Atención a todos, me encuentro con el detective Owens en la sala de las sombras. Vengan en cuanto puedan. Repito, estoy en la sala de las sombras con el detective Owens, vengan rápidamente.>> - soltó el botón del walkie talkie – Y ahora James, me va a ayudar a recuperar esa información de una vez por todas. Gírese lentamente y no haga ninguna tontería.

James se giró mientras comenzó a aplaudir riéndose.

- Bravo comisario, bravo. Ahora entiendo por qué siempre nos localizaban los malos. ¿Le han nominado este año a los Oscars? – dijo James mirándole amenazantemente.
- Aún no recibí la carta, no. Ahora saque el arma y déjela contra el suelo. Después empújela contra mí. Ya le he dicho, lentamente, nada de trucos. – el comisario no dejaba de apuntarle.
- ¿Sabe? Lo que no entiendo, además del por qué ayuda a ese lunático asesino, son  las molestias de traer a mi hija hasta aquí, mandar un agente, y trasladarlos hasta la comisaría... – dijo dando un paso hacia él – ¿Necesitaba una baza para negociar por la información? No se fiaba de que sus chicos pudieran hacer bien el trabajo ¿verdad?
- Siempre hay que guardar un As bajo la manga Owens, siempre. No dé ni un paso más, no me gustaría tener que dispararle. – levantó su arma contra su cara.
- Oh de verdad, ¿me va a disparar? – adelantó otro paso el detective.
- No se lo volveré a repetir... – dijo empuñando el arma con fuerza.
- Adelante, no le creo capaz... – respondió Owens con tono amenazante.

Antes de que acabase la frase, el comisario apretó el gatillo...

CLIC

- ¿Pero de veras me ve usted tan tonto? – dijo James arrebatándole el arma descargada de un movimiento. 
- ¿Cómo?... – el comisario quedó boquiabierto desarmado.
- ¿Le van a retener a usted estos psicópatas tras haberles dado la información cuando han entrado arrasando con todo lo que veían? ¿En serio me veía tan estúpido?
- No sé... Dígamelo usted...

De pronto abrió un hombre de negro la puerta seguido del carnicero. James se giró sacando su arma y disparando contra ellos con un fuego cruzado, para acabar lanzándose contra el comisario y caer ambos tras el escritorio. Le golpeó con su arma en el suelo cuando intentó deshacerse de él.

- ¡Ríndase agente, no tiene escapatoria! – gritó el carnicero apuntando con su recortada.
- ¿A no? – James agarró de la espalda a su comisario y le levantó cubriéndose con él. – Déjenme salir, o acabó con él ahora mismo. 
- Jajaja.. Sáquenla. – el comisario empezó a reír como si estuviese un paso por delante de la situación.

El carnicero le hizo una señal de aprobación al escolta que le acompañaba. Este salió de la sala desapareciendo por el pasillo. Desde allá fuera se escuchaba un forcejeo. Por la puerta reapareció aquel soldado de negro con una joven tapada con un saco por la cabeza. El carnicero se acercó a ella y la agarró. La destapó la cara. Se trataba de Sarah, estaba amordazada. El carnicero encañonó su arma contra la sien de la pequeña.

- Ya se lo dije, no tiene escapatoria... Y ahora, baje el arma.
- Sarah... – James pareció esperanzado por un instante al volverla a ver, pero acto seguido volvió a la realidad de la situación, volviendo a apuntar a Bridges – Suéltela, o...
- ¿O qué James? – interrumpió – Jaja, ya te dije que siempre tenemos que tener una bala en la recámara, jaja. – el comisario reía con crueldad.
- ¡Cállate! – le volvió a golpear, esta vez con la culata en la nuca, haciendo que cayese de rodillas frente a él.
- ¡Eh! – el carnicero agarró a la niña por la espalda lanzándola contra el suelo frente a ellos también mientras su escolta apuntaba al detective.
- ¡Vale vale!  A ver.. Mantengamos la calma... – el comisario se dolía del golpe en la cabeza – Joder, que duro... Te recordaba con más sentido del humor. A ver, ¿puedo levantarme? – dijo volteándose – Por el amor de dios, baja el arma. Ambos sabemos que no pondrías en peligro la vida de tu querida hijita, ¿verdad pequeña? – dijo mientras la levantaba del suelo.
- No la toques.. – dijo adelantándose – Como se te ocurra hacerla daño... Te mataré...
- Owens se me está acabando la paciencia. Si quisiera que estuviese muerta, ya lo estaría, ¿de acuerdo? Ahora dame tu arma.

El detective pensativo miró a los ojos a su hija, analizando la situación. Tenía pocas opciones, y todas pasaban por ceder ante Bridges de momento. 
James bajó el arma y se la entregó al sargento. Este la agarró, se quedó mirándola y le golpeó con ella en la cara con fuerza, haciéndole caer ante él contra el escritorio.

- ¡Papá! – masculló como pudo la niña, con la boca tapada por aquel trapo que llevaba por mordaza.
- Tranquila pequeña, tu padre está bien, era algo que quedaba pendiente entre nosotros, ¿no es así James? ¿Ya te tranquilizaste?
- Sí... – dijo limpiándose la boca manchada de sangre, le había roto el labio.
- Bueno, viendo que ya hemos puesto las cartas sobre la mesa, os diré cómo saldréis de ésta. Tú ahora irás en busca de tus amigos al garaje, y me traerás el móvil de Cheap con los datos, para acabar con todo esto de una vez. Cuando lo tenga, te entregaré a tu hija y a la otra niña, me han dicho que Clown se ha estado divirtiendo con ella un poquito, espero que aún pueda andar.. Ya sabes, está un algo loco, tu ya me entiendes, jeje. – dijo con tono cómplice, golpeándole con el codo, como si de amigos se tratasen – Cualquier intento de no cumplir esto, o estropearlo, y tu niña será su próximo juguete, ¿entendido? Todo esto si no me has mentido con el tema del móvil, sino pasará tres cuartos de lo mismo ¿vale?
- No están en el garaje. – se reincorporó – Están fortificados en la enfermería, pero han ocultado el móvil. Haremos una cosa, dame a las niñas, entro en la sala y te lo entregaré, sin trucos. Confía en mi.
- James, James, James... La confianza entre nosotros no es lo que era... ¿No crees? – Bridges se le acercó casi susurrando – Mira... Haremos una cosa, como muestra de buena fe para que veas que esta relación quiero que sea fructífera para ambos. Tú me llevas hasta donde esté el resto del grupo y me demuestras que tenéis su móvil, pues todos en la comisaría lo conocíamos, y yo dejo que tu cría se junte con el resto del grupo. Acto seguido tú me lo traes y suelto a la otra pequeñaja para que puedan jugar como buenas amigas. Después vosotros os vais por vuestro lado y nosotros por el nuestro, pues no me gustaría que acabásemos mal nosotros hombre, ¡son muchos años trabajando juntos! – Bridges le tendió la mano – ¿Tenemos un trato?
- ... Acabemos cuanto antes... – dijo evadiendo el apretón de manos y plantándose frente a su hija – Sarah, todo va a salir bien. Te lo prometo.
- ¡Qué descortés! – Bridges cogió una mochila negra y le dio un empujón el comisario hacia la puerta – Gain, avisa al resto, nos reunimos en la enfermería. Dame a mi a la niña, tú acompaña a nuestro héroe por delante.
- De acuerdo Purple. – y el carnicero apretó el transmisor de su oreja para contactar con los otros Maníacos.

Los cuatro enfilaron la salida. El comisario agarraba a la pequeña Owens del cuello por la espalda, respaldados por el soldado vestido de negro, y por delante de ellos tres el carnicero apuntaba con su recortada a James que avanzaba impasible y pensativo por el pasillo de la comisaría siguiendo el letrero con dirección hacia la enfermería.



...




Los televisores de toda la nación volvieron a encenderse con el sello de la casa blanca y aquel fondo azul interrumpiendo todas las programaciones que estuviesen emitiéndose para dar paso al secretario del Presidente de los Estados Unidos.

- Queridos ciudadanos americanos, queridos conciudadanos del mundo entero. Interrumpimos cualquier programación que hubiese con motivo de un debate no pactado entre el Presidente Logan y el terrorista conocido como Capucha Negra por petición expresa suya. En él se tratará el tema del ataque que está siendo sufrido por nuestra nación en la ciudad de San Francisco. Él piensa que cederemos, piensa que todos nosotros podemos llegar a apoyar la guerra iniciada por él si conociésemos ciertos detalles, y juntos le demostraremos que se equivoca, y que el Jefe de nuestra Nación no se esconde ante nadie. Gracias por su fe en nosotros. Todos estamos luchando por solucionar la situación, y juntos, venceremos. Sin más preámbulos, el Presidente de los Estados Unidos, Albert Logan.

lunes, 29 de febrero de 2016

CAPÍTULO 17: LA VISITA – PARTE 2

- ¿Frank has escuchado eso? – preguntó Sarah mientras se escuchaban los disparos de fondo – Parece que provienen del final del pasillo.
- Chicas quedaos aquí. Voy a acercarme a ver qué está pasando. Andrea échalas un ojo, y no os mováis de aquí, ¿me oíste? Ahora mismo vuelvo. – decía Frank mientras abría la puerta para abandonar la sala.
- Tranquilo papá, ten cuidado, y no hagas ninguna tontería, sólo mira qué pasa y vuelve rápido. – le dijo antes de que saliese.
- Mi vida, tranquila, que así llevo sobreviviendo e informando toda mi vida. – dijo a su hija mientras la besaba la frente y definitivamente abandonaba el cuarto cerrando la puerta tras de sí.

Eusko no dejaba de ladrar mientras los disparos no cesaban. Se escuchaban gritos y olía a pólvora. Sarah intentaba calmar a su perro, que no dejaba de tirar de la correa que le habían puesto en la comisaría para amarrarlo a una mesa.

- Tranquilo pequeñín, papá está por aquí, no dejará que nos pase nada. – le susurraba la pequeña Owens a su joven mascota.
- Chicas mantened la calma, mi padre verá qué está ocurriendo y nos ocultaremos  dónde estemos a salvo. – dijo Andrea a las niñas.
- Perdona, pero yo de aquí no me muevo hasta que venga mi padre, me dio su palabra de que regresaría aquí a por mí. – le respondió Sarah a la hija de Wolf.
- Mira pequeña, tu padre lo mismo está lidiando con esta situación ahora mismo, y si realmente estamos en peligro, el mío nos dirá dónde escondernos para estar a salvo. –replicó ésta.
- Claro, ¿y si no vuelve tu padre, también le abandonamos y nos vamos de aquí? – Owens se encaró.
- ¡Basta, callaos! – interrumpió la discusión Jessica – Han parado los tiros. – dijo abriendo la puerta.

En ese momento Eusko rompió el broche que le sujetaba a la correa, y salió disparado por la puerta.

- ¡Eusko! – salió Sarah disparada tras él antes de que Andrea la agarrase del brazo.
- ¡Eh cálmate! – le susurró a la joven – Hemos de estar unidas ahora, los animales saben arreglárselas solos, y por lo que me habéis contado tu perro ya ha sabido lidiar antes con una situación parecida y volver de una pieza, así que calma.
- Suéltame... – dijo tirando de su brazo para desquitarse de ella.
- Sssshhh, ¿oís eso? – dijo Jessica escuchando un sonido, una música que provenía del pasillo.
- ¿Qué es eso? – contestó la pequeña Owens.
- ¿Es música? – dijo Andrea.

Del pasillo se escuchaba un tipo de melodía parecido al de las que suenan en las cajas de música al abrirlas. En aquella situación daba un atmósfera macabra y temerosa. 

- Chicas no sé qué es, pero tenemos que salir de aquí ahora mismo, esa melodía viene del otro lado del pasillo. – dijo Andrea asomándose a la puerta – ¡Vámonos ahora!
- ¿Sarah qué hacemos? – le dijo Jess a su amiga.
- Creo que lleva razón, no me gusta nada esta situación. – le susurró la joven –  Después localizaremos a mi padre y Steven, andarán por aquí cerca. ¿Esperamos a tu padre Andrea?
- Mi padre sabe ocultarse y es inteligente. Dará con nosotros en cuanto pueda mediante el móvil. No os preocupéis. ¿Estáis listas?
- De acuerdo, vamos. – respondió Sarah mientras ambas asentían. 

Las tres chicas salieron a hurtadillas por el pasillo, dirigiéndose a la salida de incendios, que estaba al otro lado del pasillo, dejando atrás aquella melodía. Pero la curiosidad de Jessica hizo que cuando las otras dos jóvenes avanzaban hacia la puerta, se diese la vuelta y se asomase por la esquina del pasillo. Debido a la tensión que estaban viviendo para huir de allí, las otras dos no se dieron cuenta hasta llegar a la puerta.
A la vuelta de esquina había una pequeña caja a modo de regalo que emitía ese sonido angelical bajo aquel envoltorio brillante, verde y amarillo.
Jessica se quedó perpleja mirándolo y comenzó a avanzar hacia el paquete..

- Vamos por aquí.. Un momento, ¿y Jess? – le dijo Andrea perpleja a Sarah.
- ¿Pero dónde demonios...? – dijo girándose y viendo a su amiga en el otro extremo del pasillo perdiéndose tras la esquina. – ¡Jess! – dijo en tono fuerte pero moderado mientras la seguía.

La  joven Peterson se inclinó hacia el pequeño paquete, como si se tratase de un regalo que esperaba ser abierto.
Tras ella, apareció desde el umbral de la puerta contigua la figura de un hombre vestido de payaso que se asomaba poco a poco. Tras de sí ocultaba un gran machete manchado de sangre.

- ¡Jess! – gritó Sarah mientras la joven y aquel tipo se daban la vuelta al unísono para fijarse en ella, momento en el que Andrea la agarró de la mano, tirando de ella.
- ¡Vámonos ahora! – gritó mientras echaban a correr hacia la salida.

El payaso volvió a girarse mirando a la joven Jessica.

- Hola pequeña, ¿te gustan mis juguetitos? Estoy deseando enseñarte todos los que tengo. – dijo soltando una cruel carcajada – Adelante, ábrelo, este es especial para ti. 

La pequeña comenzó a correr hacia atrás por el pasillo, soltando el paquete tras de sí, del que salió una cabeza rodando por el suelo.
- ¿Pero qué? ¡Aaaaaa! – exclamó gritando al ver salir ese bulto sin poderse fijar en su rostro.

Avanzó a toda velocidad hasta meterse a la sala donde habían sido acribillados todos los policías. Con aquella luz tenue, los cadáveres daban un aspecto aún más tétrico si cabía.

- Vaya no te gustó, pensaba que a las niñas os gustaba ver como vuestros padres perdían la cabeza por vosotras, ja ja ja... Bueno, de acuerdo, a lo mejor no era un regalo de estrujarse el coco, ja ja ja ja. – aquel payaso parecía estar disfrutando cada segundo con sus bromas macabras.

La niña llegó hasta la última mesa, gateando entre aquellos cadáveres que aún emanaban sangre por todo el suelo. Tras ella se ocultó y guardó silencio esperando que aquella pesadilla acabase.

- ¿Hija mía, estás ahí? – dijo una voz ronca desde el pasillo. Ella se asomó por debajo del escritorio para ver lo que sucedía – ¡Hija te estoy buscando! 

La cabeza de amoratada y desfigurada  fue asomada como si se tratase de un títere. Aquel payaso la asomaba moviendo su boca mientras la sujetaba por la frente.

- ¿No te hizo gracia la recreación de la búsqueda de tu padre? Ja ja ja ja. – dijo lanzando la cabeza entre los cuerpos de aquella sala – Vale vale.. ¡Captado! ¡Vale de idas de olla!.. ¡Ja ja ja ja! – esta vez la risa brotó con más fuerza mientras se frotaba los ojos – ¡De  verdad que no lo hago aposta! Hoy estoy iluminado... Bueno, ya veo que te ocultaste y no quieres salir a jugar con papaito, así que, jugamos al escondite, ¿no? Soy muy bueno, ¡te aviso! Contaré hasta diez para dejar que el juego sea legítimo, si tú te escapas, no iré tras de ti, pero si te pillo... Bueno, no temas, no te mataré, sólo te haré pasarlo muy, muy mal. – anunció esbozando una cruel sonrisa – De acuerdo, y allá vamos. ¡Uno!

La niña permaneció inmóvil, no sabía si buscar una salida, si intentar esquivar a aquel maníaco hasta llegar al pasillo y poder reencontrarse con sus amigas, o si permanecer todo lo inmóvil que pudiese hasta que se marchase por pensar que la había perdido. 

¡Dos!

La  cuenta atrás seguía avanzando, y el tiempo de reacción se iba consumiendo.

¡Tres!

La niña se asomó para tenerle localizado pero le perdió la pista en aquella sala oscura, su voz retumbaba por aquellas paredes y calaba muy fuerte entre sus miedos.

Cuatro...

Comenzó a temblar y decidió comenzar a moverse a tientas entre aquellos resquicios, pues la visibilidad era prácticamente nula, únicamente podía diferenciar las siluetas de aquellos cuerpos por el suelo.

Cinco... Te pillé..

Ante ella se erguía aquel personaje que parecía sacado de una película de terror, con aquel disfraz de payaso con manchas oscuras y recientes de las víctimas que se había tomado.

- No pude evitar hacer trampas, nunca he sido de jugar limpio ¿sabes? Además diez segundos es demasiado típico, con los cinco ya hemos esperado suficiente, vamos a empezar a divertirnos. – y se inclinó hacia ella, agarrándola del pelo y tirando hacia él. Comenzó a arrastrarla por el suelo mientras la pequeña se retorcía de dolor y rabia por haberse dejado atrapar – No temas pequeña, tu padre chilló más que tú mientras le rebanaba el gaznate, ja ja ja.
- ¡No era mi padre! – decía sin dejar de luchar pataleando desde el suelo.
- ¿No? Pues el pobre no hacia más que susurrar te quiero Andrea, hija mía te quiero... Qué ridículo ¿no crees? – respondió mientras soltaba a la niña contra el suelo para coger el machete que mantenía sostenido en la parte de atrás del pantalón – Bueno luego buscaré a su hija, ¡quizás quieras ayudarme! ¿Sabes a dónde iban?
- ¿Frank? ¿Mataste a Frank? ¡Maldito loco de mierda! – le dijo cuando aquel payaso puso su cara contra la de ella.
- Jajaja, genial, ¡vamos a jugar! Para serte sincero iba a torturarte me dijeses o no dónde estaban, así que...

¡Booom! 

Un disparo impactó contra la espalda de aquel macabro personaje, haciéndole caer de rodillas frente a Jessica que permanecía perpleja en el suelo.

- Si nos estabas buscando, aquí estamos. – dijo Andrea mientras portaba una humeante pistola – Y no era su padre, sino el mío maldito cabrón. – y volvió a dispararle en la espalda cayendo de bruces contra el suelo.
- Vamos Jess, levántate tenemos que salir de aquí ahora mismo. – Sarah le tendía la mano a su amiga mientras Andrea miraba a aquel psicópata abatido en el suelo.
- Gracias chicas, pensaba que no salía de ésta.
- Vamos Andrea, vámonos. – le dijo Sarah mientras avanzaba Jess hacia el pasillo.
- Este maldito asesino mató a mi padre... Tengo que rematarle, saber que está muerto. – dijo acercándose hacia él.
- Andrea por favor, habrán escuchado los disparos, no sabemos quién puede estar de camino hacia aquí. – insistía la pequeña Owens.
- Vamos Andrea, es un enfermo de la cabeza y le disparaste dos veces. ¡Chicas vámonos ya! – exclamaba Jessica sabiendo que tipo de locos andaban por ahí sueltos.
Andrea se agachó hacia él y le agarró del hombro y le dio la vuelta. La cara de aquel personaje estaba ensombrecida, la máscara que cubría su rostro estaba sucia, pero mantenía aquella sonrisa endemoniada.

- Voy a borrarte esa estúpida sonrisa maldito payaso. – dijo mientras acercaba el arma contra la cara del personaje tumbado.
- ¿Sí? – abrió los ojos y la agarro la cara contra él – ¿Tú y cuántas como tú? Ja ja. – dijo mientras de la boca de Andrea comenzaba a emanar sangre.

Sarah veía la imagen de pie ante ellos. Aquel payaso atravesó con su machete el costado de su nueva amiga, para tirarla hacia un lado. 

- Bueno, ¿quién es la siguiente? ¡Ja ja! – se incorporaba mientras Sarah echaba a correr hacia su amiga.
- ¡Vamos Jess! ¡No pares! – dijo mientras las dos pequeñas iniciaban la carrera.
- ¿Pero dónde vais? Ja ja. Venid con vuestro amigo Timmy. – dijo abalanzándose sobre las piernas de Sarah, haciendo que ésta cayese al suelo.
- ¡No me toques joder! – y bam, respondió con una fuerte patada contra su cara desde el suelo.
- Vaya...  Sabes defenderte, me gusta. – la dijo mientras se limpiaba la sangre de su sonrisa a causa del golpe recibido
- Entonces yo te voy a encantar. – unas manos quitaron de encima a aquel payaso que estaba echado sobre las piernas de aquella niña.
- ¡Steven! – gritó Jess desde el fondo.
- Sarah levántate venga, marchaos, yo me encargo de esto. – las instaba Callery mientras miraba amenazante al psicópata en el suelo.
- ¿Tú quién crees que eres, su héroe? Estas niñas y yo lo estábamos pasando de miedo. – dijo mientras se levantaba a tientas del suelo.
- Tú y yo tenemos pendientes unas palabras. – dijo tras tomar el pulso a la pobre Andrea que yacía en el suelo, era muy débil – Estás enfermo... Tranquila pequeña, te sacaré de aquí. – susurró a la joven.
- Gracias, ya me lo decía mi madre... – puso la mirada perdida – Bueno superman, ¿vamos a bailar o necesitas una copa? Tanta palabrería me aburre. – dijo mientras recogía el machete del suelo.
- No volverás a hacer daño a nadie desgraciado. – y Steven se lanzó contra él.

El payaso lanzó una estocada para alcanzarle, pero Callery, que era ágil la esquivó con facilidad, finalizando la maniobra con un puñetazo sobre su estómago y un rodillazo contra su cara, haciendo que cayese de espaldas de nuevo. 
Antes de que pudiese reaccionar de forma alguna, Callery le piso la mano, desarmándole de su gran puñal, y ahora dedicándole una cadena de golpes contra la cara con sus puños. Parecía que iba a romper sus manos contra su cara de la agresividad con que le estaba golpeando. 

Le agarró de la pechera inclinándole hacia él, y susurrándole: 
- Ya no tienes tantas ganas de reír verdad.
- ... Le escupió sangre contra su cara. Ja ja ja. ¿Crees que puedes vencerme? No tienes nada con lo que hacerme daño a excepción de esos puños, prometiste ser bueno a los ojos de la sociedad... Eso te limita a un segundo plano mientras yo seguiré siempre por encima de insectos como tú. Nosotros estamos en la cúspide de la cadena alimenticia, mientras vosotros seguís siendo simples ratones. – respondió mientras la sangre caía por su barbilla.

Steven desenfundó su arma mientras con la otra mano le sostenía para que no se cayese. La apretó contra su boca, introduciéndosela dentro.
- Hoy no es un día para que me retes... Me sería muy fácil volarte la cabeza para acabar con un mal en medio de este caos y nadie me diría nada. – replicó con frialdad.
- Pues adelante... Hazlo... – le incitó el payaso como podía mientras tenía el cañón entre sus dientes.

Steven le miraba con rabia, con odio, comenzaba a apretar el gatillo cuando alzó la vista y vio a las dos niñas al otro extremo de la sala, observándole perplejas desde el pasillo. 
En ese momento fue como si tuviese un espejo ante él que le reflejase la monstruosidad que estaba apunto de cometer, y sacó el arma de su boca. Lo único que quería era sacar de allí a las tres niñas.

- Yo nunca seré como tú. – y le soltó contra el suelo.
- Ja ja ja ... – se reía escupiendo esputos de sangre.
- ¡Steven! ¡Detrás de ti! – gritó Sarah al ver que la puerta de la salida de incendios se abría tras ellos con una mujer armada asomando por la sala.

¡Bum!

Steven recibió un disparo en su espalda antes de que pudiese reaccionar, tumbándole de golpe sobre el payaso. La mujer se acercó y ayudó a quitárselo de encima a su compañero maníaco.

- Timmy Timmy... Sino fuese por mí. ¿Quién es este hombretón que quería violarte? – bromeaba la otra psicópata de camisón – Por cierto tus crías se van.
- Mierda, son mías. – el payaso se levantó como un resorte para ir a por ellas – No le mates aún, quiero que vea como me divierto con ellas.
- No es mi intención matarle, creo que me lo voy a quedar. Mmm... – la mujer rubia volteó a Steven, y parecía disfrutar de las vistas, mientras se inclinaba para besarle.

Steven reaccionó y la asestó un mordisco en el labio para acto seguido golpearla la cabeza, haciéndola caer a su lado.
Steven se desquitó de ella para levantarse como pudo y salir a tientas hacia el pasillo. Sujeto contra la pared vio por el umbral de la salida de incendios del pasillo, como aquel payaso forcejeaba con las niñas que intentaban zafarse de él , que aunque mermado por la paliza que había recibido, las consiguió alcanzar.
Sarah se revolvió, y le propinó un puñetazo en sus partes nobles...

- ¡Aaaaa, puta! – el payaso la soltó para golpearla la cara con un fuerte codazo, cayendo hacia atrás, rodando abajo por los escalones – Maldita mocosa... Joder... Quédate ahí, cuando acabe con tu amiga volveré a por ti si aún estás viva. Y tú no intentes nada o te abro como a un pescado de arriba a abajo antes de si quiera poder gritar, ¿entendiste? Vamos avanza. – le dijo a Jess amenazándola con una navaja que llevaba en un bolsillo.

Steven al ver la situación comenzó a arrancar la carrera justo cuando sintió un pinchazo en su estómago, tenía clavado un puñal del que empezaba a emanar sangre.

- ¿Cowboy pensabas irte sin despedirte? – le susurró la mujer en su oído mientras se agachaba para lamer su herida con su boca ensangrentada – Hazme caso, aunque quisieras no irías muy lejos, tienes mi sangre recorriendo tu increíble torso, ya eres mío.
- ¿Qué has hecho? – respondió Steven cayendo de rodillas contra el suelo, sintiendo un calor abrasivo desde su abdomen, donde le había herido esa mujer.
- Muy fácil Superman. Ahora lo verás con tus propios ojos. – dijo el payaso agarrando a la niña, golpeándola las rodillas haciendo que cayese frente a él. El payaso la sujetó la cara mientras rociaba su navaja con la sangre que aún caía por sus labios – Nuestra sangre está bendita, por eso somos más ágiles, más fuertes. Por eso nos recuperamos antes de nuestras heridas, y esa sangre, mezclada con la de otro ser vivo,les hacer ser dóciles frente al paciente original. Por así decir, vais a ser nuestros perros – y le introdujo el filo de su navaja a la niña por un lado de la mejilla, después la giró la cara, y repitió el proceso – ¡Mira que guapa! ¡Ahora sí que podemos echarnos a reír, ja ja ja! – finalizó mirando la sonrisa que acababa de dibujarla a punta de navaja.

Steven casi no podía ni ver. Su cuerpo ardía cuando sintió que comenzaba a temblar en el suelo. Miraba desesperado a la pobre Jessica que perdió el conocimiento en cuanto comenzó aquel sanguinario loco su carnicería sobre su rostro. Pudo ver como comenzaba a temblar ella también antes de perder el sentido escuchando la maldita sonrisa de aquellos maníacos. Su cuerpo se retorció en el suelo de dolor, giró su cabeza hacia el otro extremo la sala, viendo como una sombra llevaba en brazos el frágil cuerpo de la joven Andrea, seguido de un perro...

- Bravo Frank... – dijo exhalando su último aliento...




...









- Capucha, tengo el chip, no hay peligro ya de que se filtre la información. 
- Muy bien señor Morado, muy bien. Ya sabes lo que tienes que hacer, ¿están todos listos para la presentación del nuevo mundo?
- Se estaban ocupando de los agentes que trajeron consigo el paquete, pero cuando usted me diga, finalizamos el plan, todo está dispuesto, sólo toca mover ficha.
- Estupendo... Pues cierre esos cabos sueltos mientras preparo la comunicación con nuestro querido Presidente...
- A sus órdenes, todo estará listo para cuando lo necesite.
- Hasta entonces, buen trabajo. – la comunicación se cortó – Smith, realice la llamada.
- De acuerdo Señor, ahora mismo...

Mientras tanto en algún lugar oculto de los Estados Unidos, el Presidente estudiaba las posibilidades de cómo acabar con ésta crisis junto a sus asesores y su Vicepresidente. Estaban tratando de localizar la ubicación de aquel terrorista con equipos infiltrados en la cuarentena de San Francisco, sin tener suerte aún por desgracia. Otra de las opciones era el uso de una bomba nuclear que arrasase el virus por completo... Opción que borraría a San Francisco del mapa, además de la cuarentena por radiactividad, entre otros efectos que provocaría tal opción.. Opción a la que se negaba rotundamente el Presidente a emplear, pues confiaba en dar con el paradero con sus agentes y poder acabar de la mejor manera para la nación sin llegar hasta ese extremo.

- Señor... – cortó su secretaria en medio de aquella reunión caótica.
- Ahora no Wendy, estamos muy ocupados. – contestó Bob, la mano derecha y Vicepresidente de los EEUU.
- Señor lo sé... Pero es una llamada para el Presidente.
- ¿De quién se trata? – preguntó sabiendo que allí estaban reunidos todos los altos cargos que pudiesen saber cómo contactar con aquella cámara... Cuando Bob escuchó la respuesta de Wendy se dirigió a Richard, el Señor Presidente, y le dijo quién estaba al otro lado de la línea.
- De acuerdo... Ponle en pantalla...

La sala enmudeció, y la pantalla tras el presidente se iluminó con la imagen de aquel tipo encapuchado.

- Mi querido presidente... Tengo una propuesta que ofrecerle...

sábado, 30 de enero de 2016

CAPÍTULO 16: EL MENSAJE

San francisco estaba en silencio. Únicamente era roto por llamaradas de vehículos ardiendo, algún tiro o grito en la lejanía, en los hogares y escaparates los televisores emitiendo aquella niebla televisiva indicando que no había señal y poco a poco el cesar de la lluvia sobre aquella mojada noche, sobre aquella ciudad herida...
Entre aquel silencio, el sonido de los televisores se detuvo. Las pantallas quedaron en negro, y a continuación sobre un fondo azul apareció el logo de la casa blanca.
Acto seguido apareció dentro de esas cajas informativas el Presidente de los Estados Unidos. Se mostraba serio. Estaba sentado en un sillón de cuero oscuro frente a una mesa. Aquella habitación no era el despacho oval, sino otro cuarto más oscuro, menos luminoso.
El Presidente tenía las palmas sobre la mesa, y comenzó su discurso:

- << Queridos ciudadanos americanos, queridos ciudadanos de todo el mundo. Hermanos, pues esta noche todos pertenecemos al mismo bando, no importa el la ideología, raza, sexo... Todos somos uno. 
Hoy es un día para la verdad.
El mundo necesita saber lo que está sucediendo en San Francisco, y lo que este ataque representa. 
Esa clase de poder en manos de este tipo de personas es muy peligroso.
Este terrorista que se hace llamar Capucha Negra ha impuesto el reinado del terror, está intentando acabar con todo lo que hemos creado, todo lo que hemos conseguido. 
Puede borrar del mapa a toda la raza humana, y tenemos que destruirle.
Estamos en guerra con nuestro enemigo. Ese psicópata nos ha traído la guerra a nosotros.
Hemos aislado San Francisco por completo, pero en su interior tenemos varios dispositivos militares, que trabajan codo con codo con los distintos organismos de la propia ciudad y con sus ciudadanos, para conseguir sacarles de la Zona 0 sanos y salvos.
Quiero dar esperanza a todos lo ciudadanos, no desistáis, sois nuestra inspiración para seguir luchando y lograr vencer a este demonio.
Hago hincapié a todas las buenas personas que queden, no os rindáis, la ayuda está llegando, estamos consiguiendo hacerle frente.
Aguantar, venceremos a la oscuridad. 
Vencerá el día contra la noche.
Dicen que la noche es más oscura antes de amanecer. Y os lo prometo... Está apunto de amanecer.
Aguantar, pues nosotros seguiremos luchando a vuestro lado para acabar con aquellos que se creen por encima de la ley y creen que pueden jugar con nosotros a su antojo.
Aguantar.
Buenas noches, y buena suerte.>>

Los televisores se volvieron a teñir de azul tras el emblema de la Casa Blanca, y la ciudad volvió a su silencio...

miércoles, 20 de enero de 2016

CAPÍTULO 15: LA VISITA – PARTE 1

- Chicos esperad un momento aquí. – dijo a John y Steven antes de desviarse del camino hacia la oficina del comisario – ¡Mónica! ¡Cómo me alegro de verte sana y salva! – exclamó James al reencontrarse con su compañera – Necesito saber dónde está Cheap, ¿le has visto por aquí?
- ¡Oh James! Me dijeron que andabas con John pateando a los malos. – respondió entre breves sonrisas  – Anda trasteando en su sala de computadoras, ya le conoces, no sale de ahí ni con esta crisis... ¿Tenéis idea de lo que está pasando?
- En ello estamos, por eso le necesito... – la notó ausente – ¿Mónica te pasa algo?
- James, hemos perdido a muchos... Y Calvin... Aún no ha regresado al toque de queda y tampoco contesta a las llamadas, ni de móvil ni de radio...  – Calvin era un compañero con el que estaba saliendo.
- Vaya Mónica... Calvin se las sabe arreglar, seguro que está tratando de llegar en estos momentos, pero la ciudad está patas arriba. Dale tiempo, en cuánto pueda se pondrá en contacto contigo y aparecerá por aquí, ya lo verás. – dijo Owens consolando a su compañera – Ahora he de seguir, ¿vale Mónica? Tu aguanta, ya verás como se soluciona todo esto.

James se dirigió hacia el final de la comisaría, a la sala de ordenadores y abrió la puerta. Allí estaba Cheap con sus gafas de pasta y sus cuatro monitores sin parar de teclear. A éste le reclutó James, y tenían una gran amistad desde que le reconvirtió a las filas legales.

- ¡Viejo amigo! – se levantó el informático y se fundieron en un fuerte abrazo – Te las sigues apañando bien sin mi ayuda por lo que veo.
- Ya sabes, soy más de atrapar a malos reales, te dejo a ti a los virtuales, tu los localizas y yo los cazo, jeje. – bromeó el detective – Cheap, ¿tienes idea de qué está ocurriendo?
- Owens, sé que es algo gordo, por lo que he podido rastrear por las emisiones de ese tal capucha negra y de los rasgos del virus que ha soltado se trata de un tipo que sabe hacer muy bien las cosas, no deja nada al descubierto, y sus rastros se desvanecen a medida que avanzo en su búsqueda. Ese  virus por lo que he podido rescatar del ciberespacio y redes sociales se comporta a modo de convertirles en una especie de zombies, ya sé que suena a película, pero por lo visto mata a sus huéspedes con una fuerte fiebre, y cuando se despiertan se vuelven totalmente irracionales y agresivos. Atacan sin ningún patrón, he visto vídeos de gente que muere y revive... ¿Increíble verdad? – hizo una pausa emocionado – Unos corren, y otros son más lentos. ¡Ah! Y la forma de abatirles, atacando a la cabeza. Eso es todo lo que tengo por el momento. 
- Más o menos ya sabía todo lo que me has contado... He tenido que lidiar con unos cuantos. ¿Se sabe si realmente están muertos o si existe algún tipo de cura? – preguntó el detective.
- Ni idea colega, es la gran pregunta, aunque  házsela mejor a la doctora Raven... Muy simpática ella... – hizo con una mueca burlesca – Me parece que sabe bastante más de lo que dice.
- Ya tuve el placer de conocerla... Cheap, en realidad he venido para traerte algo que puede arrojar algo de luz sobre esta situación. – le dijo mientras sacaba de su cartera la pequeña cápsula y se la entregaba.
- ¿Qué se supone que hay aquí dentro? – preguntó observando el chip que había en su interior a contraluz del  techo.
- Información robada del ordenador del tal “Capucha Negra”. Por lo visto “El Puerco”  consiguió colarse en su ordenador a través del canal de contacto que tenían y pescar bastante información. Sólo que se encuentra encriptada. ¿Serás capaz de leer la información?
- ¿Bromeas? Joder, ¿información fresca del mismísimo terrorista robada por un mafioso? Voy a ponerme con ello ahora mismo. No sé de qué nivel de seguridad se tratará, pero por algo me tenéis a mi aquí ¿no? – dijo fanfarroneando.
- Muy bien. En cuanto tengas algo avísame. Tengo que ir a hablar con el capitán e informarle y vuelvo ¿vale? – dijo mientras abandonaba la sala.
- ¡Cuenta con ello súper detective! – respondió levantando el pulgar.

James cruzó la oficina a toda prisa y se reencontró con sus compañeros. Los tres continuaron por el pasillo, hasta llegar al final a la puerta del  comisario Bridges.

- ¡Capitán! – James estrechó fuertemente la mano con Bridges mientras le palmeaba el hombro  – Nunca pensé que me alegraría tanto de verle aquí señor.
- ¡James! Que alegría, y veo que John sigue sin poder vivir sin usted, jaja. – el comisario estrechó fuertemente la mano con el agente Meine.
- Si señor, creo que al final tendrá que darnos unas buenas vacaciones para irnos de luna de miel si conseguimos salir de todo este jardín que se ha liado.
- Señor – en esta ocasión fue Callery quien dio un apretón de manos a su comisario – conseguí traer a las niñas sanas y salvas. ¿Qué ha pasado aquí durante todo este tiempo? ¿Dejé la infantería para que me traigan  aquí al mismísimo ejército? – dijo a tono irónico.
- Señores tenemos una situación de alerta máxima. El Presidente ha decretado la cuarentena para todo San Francisco. Estamos aislados del mundo exterior hasta nueva orden. Entre las distintas comisarías y agencias del estado estamos coordinando, con la ayuda del ejército, la seguridad de los ciudadanos en su mayor medida pero sin correr riesgos. Es decir, estamos analizando a todas las personas que puedan pasar el umbral. Los que están sanos les protegemos y damos cobijo hasta que decreten el plan de extracción. A los infectados... Bueno... No hay cura de momento. El equipo del Presidente nos ha informado de que están trabajando en ello..
- ¿Perdona pero cómo? ¿Acaso tienen muestras allá afuera? – le interrumpió James.
- Owens, estos científicos no están aquí por casualidad. Han estado extrayendo muestras durante toda la noche, y hay un convoy con línea directa con los asesores de la Casa Blanca. Están trabajando desde aquí dentro, la Zona Cero, para minimizar  los riesgos. Pero tampoco soy científico, no se en que consisten las pruebas que estén haciendo. La OMS está supervisando todo, y creo que extrajeron unos cuerpos para su estudio.
- Señor.. Cuerpos... ¿Vivos? ¿O muertos? O como demonios estén... Si esta infección se propaga ahí fuera... Será el fin. Usted no les ha visto cara a cara como nosotros... Son monstruos, no caen, algunos son  muy rápidos y resisten a todos los ataques... No se como podríamos frenar una pandemia a escala mundial. – replicó Steven.
- Señor Callery, por eso usted es agente y antes fue soldado. Si hubiese sido científico estaría ahí abajo con la doctora Raven ayudándola, ella sabe lo que se trae entre manos, y nosotros no. Así que les pido máxima colaboración con ella y el Coronel Philips, el Presidente ha dado orden de prestar nuestra ayuda en todo momento, ¿oído? Y esto va para los tres.
- Señor, con todo respeto, usted no ha visto en qué consiste la supuesta seguridad... Ahí fuera ha habido una masacre, han abatido a madres, a niños... A toda la gente que había fuera únicamente pidiendo ayuda. Yo soy policía, no un soldado sin escrúpulos que simplemente cumple órdenes a cualquier coste. – contestó James dolido. 
- Pues agente, eso es exactamente lo que va a hacer en esta ocasión, pues es una orden directa del Presidente, si no puede con esto aceptaré su placa sobre mi mesa en cualquier momento, pero no es momento para abandonar el barco, es momento de arreglar entre todos esta situación, así que más le vale aclararse las ideas y ser el agente fuerte que espero que sea... Esta noche está siendo muy larga, demasiado, ha caído mucha gente, compañeros, ciudadanos... Pero hemos de luchar por salvar a todos los que estén a nuestro alcance... ¿Cuento con ustedes? – preguntó, dirigiéndose a los tres.
- Salvemos nuestra ciudad tío... – dijo John empujando con el hombro a su compañero Owens – Cuente con nosotros tres para protegerla ¿vale?
- Eso esperaba escuchar agentes... Bueno, ¿has conseguido traer a Joe? Me dijisteis que tenía información crucial. ¿De qué se trata? ¿Y dónde está ese cerdo?
- Está abajo en la enfermería, le están curando una herida de bala, nada mortal. – aclaró - Señor tenía un chip bajo la piel. La guardaba como moneda de cambio para el terrorista. A partir de ahí está colaborando con nosotros. – informó James.
- Agente no dé por sentado nada. Por lo que sabemos ha colaborado con el terrorista y podría seguir estando haciéndolo. ¿Dónde está ese chip?
- Lo está analizando el especialista. – respondió.
- ¿No se le ocurrió consultarme antes de hacer nada? Podría estar soltando un virus en el sistema en estos momentos si no fuese lo que dice ser.
- Señor... Cheap es un experto. Creo que sabe bastante como para abrir algo que no pudiese controlar. – dijo en tono ofendido ante la insistencia del capitán por ese chip.
- Qué sea la última vez que omite el paso de dar yo el visto bueno, ¿me ha entendido? – replicó ofendido.
- Señor, opté por ir agilizando la recuperación de esos datos para poder tener alguna ventaja ante este ataque. Si hubiese visto lo que nosotros sabría que está en nuestro bando. Nos ha ayudado a sobrevivir. – insistió el agente.
- Por lo que a mi me consta ese puerco no tiene bando más que el suyo. Espero por nuestro bien que no se confunda. Iré a ver la información que haya sacado Cheap, ustedes traigan a Joe para que podamos interrogarle cuanto antes.
- Señor me gustaría acompañarle a la sala de ordenadores. Tal vez... – se ofreció James.
- No. Baje a por él con sus compañeros y espérenme en la sala de interrogatorios. – dijo tajante.
- Capitán, Steven y yo podemos llevarle hasta allí y esperarles mientras lo preparamos todo. Le vendrá bien Owens para que le vaya orientando con lo que hemos visto por si tiene información relacionada. – contestó John echando una mano a su compañero.
- De acuerdo... – aceptó a regañadientes – Venga conmigo, y ustedes súbanle inmediatamente. Quiero empezar a recopilar información y contrastarla con la Casa Blanca, a ver si podemos acabar con todo esto de una vez.

El comisario y James se separaron de sus compañeros cuando estos continuaron por el pasillo hasta llegar al ascensor y cogerlo hasta la planta baja, donde se encontraba la enfermería. Allí estaban Kate y Joe junto con dos enfermeros que les estaban tratando.

- ¿Kate cómo te encuentras? – le preguntó John a la joven que se encontraba acostada sobre una camilla.
- Bien... Sólo conmocionada... Me ha examinado la doctora Raven y me dijo que descansase.
- ¿Dónde está? – volvió a preguntar Meine mirando hacia su alrededor.
- La doctora se encuentra en la sala contigua. – respondió Joe que tenía vendada la parte superior del pecho cubriendo todo el hombro.
- ¿Tú qué tal? – dijo acercándose a Joe – ¿Han terminado de atenderle? Tenemos que llevárnoslo para interrogarle. – le dijo Joe al enfermero que le estaba administrando algún tipo de medicación mediante una inyección.
- Sí, por nuestra parte ya está. Pero le aconsejo que le dejen reposar. Los puntos podrían saltárseles. Le hemos suturado la herida y extraído la bala. Ahora mismo tiene el hombro dormido, este calmante le quitará el dolor durante las próximas horas. Cuando vuelva el dolor revisaremos la herida, que todo vaya bien, y vemos si volver a infiltrarle. Y sí, la doctora Raven está ahí. Pueden hablar con ella, salió para comunicarse con el coronel Philips e informarse sobre la situación de uno de sus soldados.
- Esperadnos aquí. – John avanzó hacia la sala junto a Callery. Allí se encontraba la doctora – ¿Raven disculpe, tiene un minuto? 
- Sí... No consigo contactar con Philips, sé que regresó el equipo del sargento Rogers y que éste se encontraba herido. Mandé al garaje a dos auxiliares de mi equipo a ayudarles a que me lo trajesen. Desde ahí no se nada... Díganme rápido, bajaré a ver qué pasa, si es por la señorita Rutherford y Sullivan ya he acabado, ya acabé con ellos, solo necesitan descansar.
- Seré breve.. ¿Cómo se encuentra Kate? – preguntó preocupado John.
- No sé si será consciente de que ha sufrido una doble violación... Tiene daños físicos, golpes, desgarros,... pero no son los que más me preocupan, nada que con tiempo y medicamentos no se cure, además tomé una muestra de sangre para analizar posibles ETS que haya podido coger, sin embargo psicológicamente está muy afectada... Tardará tiempo, si es que lo consigue, en olvidar todo lo ocurrido esta noche.
- Si lo sabía. – se pronunció John – Únicamente quería saber en cómo podríamos ayudarla.
- Señor... ¿Meine era, verdad? Necesita tiempo. Dejen que la medicación cumpla su cometido y poco a poco esperemos que mejore. Más adelante debería de hablar con un psicólogo para poder abrirse con él y poder cerrar esas heridas internas...
- Muchas gracias doctora. No la molestamos más, si necesita de nuestra ayuda no dude en pedírnosla. – dijo Callery agarrando a su compañero afectado y dando media vuelta.

La doctora enfiló hacia el final del pasillo, dejando atrás a los agentes que se quedaron con Joe y Kate, y los dos auxiliares. Pulsó el botón del ascensor, que se encontraba subiendo desde el garaje a la segunda planta, a las oficinas.

- ¿Pero dónde demonios van? – se preguntó la doctora.



...



El comisario Bridges y James llegaron hasta la sala de computadoras. Allí se encontraba Cheap con las pantallas llenas de números y letras, sin parar de teclear en distintos teclados, sacando y metiendo distintos dispositivos.

- Señor Cheap, veo que ya está con ello. ¿Ha conseguido algo? – preguntó el comisario.
- ¡Capitán! – dijo sin darse la vuelta, ni dejar de trabajar  – No había caído en la cuenta de que estabais aquí dentro.
- Acabamos de llegar Cheap, ¿qué es todo esto? – preguntó Owens a su amigo.
- Pues todo esto es lo que tiene el chip. Al parecer Joe se ha portado, sólo que es más complicado de lo que esperaba. Pensaba que ya estaría dentro leyendo los datos, pero estos cortafuegos...
- ¿No eres capaz de leer la información? – insistió el comisario.
- Yo no dije eso... Y.. ¡ Voilá! – dijo mirando fijamente a las pantallas mordiéndose la lengua justo cuando tecleó intro.

De pronto las pantallas llenas de cifras y letras comenzaron a convertirse en ventanas. Podía apreciarse una barra de conversión de datos progresando lentamente. Y a medida que se convertían, los datos comenzaban a poderse leer.

- Señores, aquí tenemos el ordenador de “Capucha Negra”. Sabía que lo conseguiría, jeje. – dijo cruzando sus manos Cheap tras su nuca con voz de satisfacción.
- Eres una máquina. – le felicitó James palmeándole la espalda – ¿Podemos empezar a leerlos?
- Sí, a medida que se vayan descargando. Veamos que carpetas encontramos.
- Señor Cheap, espere. ¿No puede contener un tipo de virus que nos invada la red de la comisaría? – se preocupó el comisario.
- No señor, al igual que el chip, tenemos sistemas de seguridad, nosotros también poseemos cortafuegos que impida su avance en caso de que existiese algún tipo de troyano. Aún así lo barrí por completo con unos cien  antivirus antes arriesgarme a abrir nada desde aquí dentro. Siempre lo hago, estése tranquilo, todo está bajo control. – le calmó mientras abría la pantalla.
- Que te parece si empezamos por esta carpeta. – dijo señalando en la pantalla un recuadro en el que ponía “Los Maníacos”, a la vez que la barra de conversión seguía creciendo.
- De acuerdo... Veamos. – contestó abriendo el archivo.

Antes sus ojos la pantalla se expandió con documentos de aprobaciones de traspasos de cuatro presos, con fichas adjuntas con sus datos y delitos. Parecían los documentos oficiales de las prisiones, las cuales todas estaban colindantes al estado de San Francisco. Una cruda coincidencia... Los cuatro presos eran conocidos mundialmente. Lo peor de lo peor. James se miraba de reojo con Cheap, esperando que no se tratase de lo que estaba pensando. Cheap abrió el primer fichero de los cuatro que había:

• Timmy Wayne: Conocido como Clown o El Payaso Loco. 
Psicópata que mataba por placer, asesinó a 33 jóvenes y por ello fue sentenciado a la pena de muerte. Utilizó como defensa propia el testimonio de su infancia, en la que vivió falta de afecto y maltrato físico por parte de su madre, y que nunca conoció a su padre. Fue profesor de la universidad de San francisco, la USF, en ciencias.
Solía caracterizarse por llevar una máscara de payaso. Atacaba a niños y niñas con motivo de que no soportaba verles sonreír, ver la inocencia y felicidad en sus caras, por ello se disfrazaba de dicho modo y al morir les dibujaba una sonrisa en la cara con una navaja. 

• Jeffrey Gain: Conocido como el Carnicero de Oakland.
Asesino que horrorizó el país en la década de los 80. Es conocido no sólo por la cantidad de personas que asesinó, las cuales se contabilizan en 21 de momento, sino también por practicar la necrofilia y el canibalismo, de ahí que muchas víctimas no hayan conseguido recuperarse. En el momento de la inspección de su domicilio, la policía encontró un cadáver que se encontraba decapitado y con el cuerpo completamente abierto en canal. La cabeza estaba sujeta en el sótano entre un tornillo de banco sin ojos ni lengua.


• Miranda Edmons: conocida como la Satánica Dorada.
Asoló la ciudad de Sacramento con 22 muertes. Se caracterizaba por ir con una túnica blanca, y beber la sangre de sus víctimas después de cada asesinato, incluso llegando a bañarse en ella. Todos sus asesinatos se realizaron como culto al Demonio, practicando cultos típicos de dichos actos satánicos, tales cómo grabar sobre sus espaldas, frentes o pechos signos demoníacos con una daga mientras estaban vivos.

• Ramsés Pérez: conocido como Calígula.
Acusado de secuestro, violación y asesinatos. Con más de 40 víctimas. Se trata de un asesino violento, que mataba con indiferencia. Cuando sentía la necesidad o simplemente alguien le miraba de un modo que no le gustaba, se enzarzaba con él a puñetazos o utilizando todo tipo de armas, tanto cuchillos o machetes, cómo armas de fuego. También tomaba a mujeres por dónde iba, dejando un rastro de violaciones y cadáveres a su paso. Fue detenido en Bair Island, detención en la que tuvieron que intervenir hasta veintidós agentes. Debido a su gran corpulencia, una altura de dos metros y medio aproximadamente y su fuerza bruta, no eran capaz de reducirle a pesar de que éste no portase armas en aquel momento.

Todos ellos fueron condenados a muerte por sus delitos y en todas sus fichas de traslado marcaban una misma fecha y lugar. Lo peor de lo peor fue trasladado hacía una semana a San Quentin State Prison, una prisión al norte de San Francisco. Las órdenes venían aprobadas con el sello de la Casa Blanca, y con la firma del vicepresidente de los Estados Unidos...
Algo muy extraño había en todo esto, y que estos documentos estuviesen en archivos de Capucha Negra daba aún más que pensar.

- Joder... Tras Ramsés fuimos John y yo... Era un salvaje, cuando pasó por nuestra zona se llevó un balazo con mi nombre en el brazo, y aún así fue capaz de abrir la puerta de un camión y fugarse en él. – dijo James recordando a aquel tipo.
- Tío... Espero que no te lo vuelvas a cruzar y se acuerde de ti... Je... – bromeó Cheap con una ligera sonrisa – Han juntado a los chicos malos por lo que veo...
- Abre esta carpeta... – señaló James.
- Disculpadme un segundo. – el comisario abandonó la sala con el móvil en la oreja.
- ¿Planos de Mr. Purple? ¡Parece un juego de aventuras! – Cheap no desistía con sus chistes malos.
- Exacto... Espero que no se trate de informes de más locos... – James intentaba procesar todo lo que estaba viendo.

Ante sus ojos se expandieron cuatro planos de centros del estado de San Francisco: los del hospital, la estación de bomberos, el ayuntamiento y... La comisaria.

- ¿Pero qué coño? – exclamó el capitán al volver a entrar en la sala desde el umbral de la puerta – son los planos de los cuatro centros que ha decretado la Casa Blanca para montar puntos de extracción y seguridad de los ciudadanos... ¿Cómo puede tenerlos ese hijo de perra?
- Señor... Todo esto no me gusta... Si tienen los planos de la comisaría no es un lugar seguro para refugiarnos. Espero equivocarme pero todo esto me huele muy mal. Deberíamos evacuar esta comisaría cuanto antes, asentarnos en otro lugar que no conozcan.

Los tres se miraron con cara de no saber exactamente lo que estaban visualizando en aquellas pantallas. Esos cuatro asesinos juntos y que hubiesen ocurrido todos estos acontecimientos, los planos de los lugares donde reunir y proteger a los ciudadanos, la implicación de la Casa Blanca... Todavía no había terminado todo esto.

De pronto la luz en la comisaría desapareció por unos segundos, momentos de oscuridad total antes de que se encendiesen las luces de emergencia, dejándola iluminada de forma tenue. 

- ¿Qué pasa Cheap? – preguntó el detective.
- Las luces de emergencia... Alguien ha cortado la luz. – respondió el comisario, afirmando el informático desde su mesa, ante la pantalla que quedó totalmente opaca.
- Cheap, ¿la descarga de los datos? – James instó a su amigo.
- Tranqui tío, mi torre y monitor van con un minigenerador secundario que se activan automáticamente al desaparecer la energía, la computadora sigue trabajando, por lo que los datos siguen convirtiéndose. La pantalla ha debido fundirse por el cambio de energía. Me pongo a ello ahora mismo, cambio el monitor y listo.
- James salgamos tú y yo a ver que pasa. – ordenó el capitán.

Afuera, la oficina al completo quedó enmudecida por unos instantes. El único sonido que pudo escucharse fue el timbre del ascensor abriéndose.

- ¿Quiénes sois vosotros? – preguntó un agente al que le pilló el apagón volviendo de los lavabos en el pasillo por delante del ascensor.

Ta ta ta ta ta.

Una metralleta abatió al agente. Del ascensor emergieron cinco tipos. Los dos primeros, vestidos de negro al completo con ropas de asalto. Cascos, kevlar, metralletas automáticas... Totalmente bien equipados, todo muy profesional.Tras ellos aparecieron otros tres. El primero portaba una recortada, la sostenía con unos guantes negros cubiertos con sangre. Llevaba un mandil también manchado por la que goteaba de la cara del coronel, que la llevaba sobrepuesta a modo de máscara completamente. Estaba abierta por detrás y amarrada con unos cordones que había atravesado sobre la cabellera. Siguieron avanzando. Tras él una mujer con un camisón blanco se agachaba ante el policía abatido y le susurró.

- Shhh, descansa... – mientras le agarraba la nuca exhalando su último aliento, ésta le clavaba un puñal en el corazón. Acto seguido lo sacó y lamió el filo manchado en rojo púrpura.

Por detrás la adelantaba un tipo con un disfraz de payaso bastante sucio y macabro. No hacía más que soltar carcajadas siniestras mirando la escena de aquel agente tumbado mientras Miranda saboreaba el sabor de su muerte. La máscara de payaso que cubría su rostro estaba envejecida. Tenía los dientes amarillos, pelo pobre y verde que caía tras su calva, dándole un aspecto bastante repulsivo. 
Ella se reincorporó y al entrar en la oficina los cinco comenzó una verdadera masacre. Disparos por doquier bajo aquella luz pobre debido a que habían cortado la principal. Los agentes caían mientras los Maníacos avanzaban. Miranda se subió sobre una mesa y sacó un revolver para volarle la cabeza a la compañera anteriormente mencionada, Mónica. 

- Aquí sólo hay sitio para una mujer, ¡adiós! – dijo mientras apretaba el gatillo sobre ella. Los sesos tiñeron su camisón con brotes rojos.

No hubo tiempo de acción por los agentes, que cuando comenzaron a defenderse con fuego cruzado habían acabado con más de la mitad de la plantilla. Momento en el que aparecía en escena el detective James y su comisario.

BUM

Abatió a uno de los de negro, con un disparo certero en el pecho, haciéndole caer de espaldas, pero no acabando con él, pues su chaleco antibalas le protegía bien. 

- ¡Apuntad al fondo! – dijo aquel payaso descargando su munición sobre los cristales de la oficina de Cheap, y las mesas contra las que se cubrían James y el capitán.
- Señor resguárdese dentro, protejan esos datos. Vienen a por ellos, estoy seguro. – le instó a su comisario el detective – Intentaré distraerlos, salgan por la puerta de emergencia trasera.
- ¿Está seguro Owens? – le respondió el capitán bajo todos esos disparos.
- ¡Salgan, ya! – le instó el agente.

El comisario se metió tras la puerta como pudo para entrar a la oficina. James se quedó sólo junto a otro agente que se cubría tras la mesa contigua. No podían ver lo que estaban haciendo esos cinco psicópatas. Guardaban silencio para no delatar su posición. James le hizo señas a su compañero Chris, para que ambos llegasen a la puerta lateral y poder salir de ahí con vida. Ya habían tenido tiempo suficiente Cheap y el comisario para escapar de allí. Cuando Chris se decidió a llegar hasta la puerta al abrirla se encontraba aquel tipo con la sangrienta cara del coronel y aquel delantal.

- Hola, ¿ibas a alguna parte? – le cercenó la mano con la que sostenía la pistola al agente con un cuchillo de carnicero y le agarró por el  cuello, levantándole con una sóla mano antes de abrirle la garganta.
- ¡Nooooo! – James se levantó y le disparó a aquel asesino al que no consiguió acertar antes de meterse en la oficina de Cheap mientras le cosían a tiros.

En aquel suelo yacía su amigo, tenía un tiro en la nuca. Y la pantalla del ordenador y la torre estaban destruidos. El chip no estaba, debió cogerlo el capitán antes de marcharse. Al girar a su amigo en el suelo James vio que sostenía algo en la mano. Se trataba de su móvil que parpadeaba. Lo agarró y leyó: transferencia al 100%.
Había transferido los datos del chip a su móvil personal, que era prácticamente su segundo ordenador.

- Bien hecho Cheap, bien hecho amigo. – dijo a su cuerpo mientras salía de aquella sala por la salida de emergencias.